129 Supo todo el comendante y me llamó al otro día, diciéndome que quería aviriguar bien las cosas… que no era el tiempo de rosas, que aura a naides se debía.
130 Llamó al cabo y al sargento y empezó la indagación: si había venido al cantón en tal tiempo o en tal otro… y si había venido en potro, en reyuno o redomón.
131 Y todo era alborotar al ñudo, y hacer papel; conocí que era pastel pa engordar con mi guayaca; mas si voy al coronel me hacen bramar en la estaca.
132 ¡Ah, hijos de una…! ¡La codicia ojalá les ruempa el saco! Ni un pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgao, más ligero que un guanaco.
133 Pero qué iba a hacerles yo, charabón en el desierto; más bien me daba por muerto pa no verme más fundido: y me les hacía el dormido aunque soy medio despierto.
V - Gringos en la frontera. La estaquiada.
134 Yo andaba desesperao, aguardando una ocasión que los indios un malón nos dieran, y entre el estrago hacérmeles cimarrón y volverme pa mi pago.
135 Aquello no era servicio ni defender la frontera; aquello era ratonera en que sólo gana el juerte: era jugar a la suerte con una taba culera.
136 Allí tuito va al revés; los milicos son los piones, y andan en las poblaciones emprestaos pa trabajar; los rejuntan pa peliar cuando entran indios ladrones.
137 Yo he visto en esa milonga muchos jefes con estancia, y piones en abundancia, y majadas y rodeos; he visto negocios feos a pesar de mi inorancia.