688 Adentro mesmo del hombre se hace una revolución: metido en esa prisión, de tanto no mirar nada, le nace y queda grabada la idea de la perfección.
689 En mi madre, en mis hermanos, en todos pensaba yo; al hombre que alli dentró de memoria más ingrata, fielmente se le retrata todo cuanto ajuera vió.
690 Aquel que ha vivido libre de cruzar por donde quiera, se aflige y se desespera de encontrarse allí cautivo: es un tormento muy vivo que abate la alma más fiera.
691 En esa estrecha prisión, sin poderme conformar, no cesaba de esclamar: ¡qué diera yo por tener un caballo en que montar y una pampa en que correr!
692 En un lamento constante se encuentra siempre embretao; el castigo han inventao de encerrarlo en las tinieblas, y alli esta como amarrao a un Fierro que no se duebla.
693 No hay un pensamiento triste que al preso no lo atormente; baja un dolor permanente agacha al fin la cabeza, porque siempre es la tristeza hermana de un mal presente.
694 Vierten lágrimas sus ojos, pero su pena no alivia; en esa constante lidia sin un momento de calma, contempla con los del alma felicidades que envidia.
695 Ningún consuelo penetra detrás de aquellas murallas; el varón de mas agallas, aunque más duro que un perno, metido en aquel infierno sufre, gime, llora y calla.
696 De juror el corazón se le quiere reventar, pero no hay sino aguantar aunque sosiego no alcance. ¡Dichoso, en tan duro trance, aquel que sabe rezar!
697 ¡Dirige a Dios su plegaria el que sabe una oración! En esa tribulación gime olvidado del mundo, y el dolor es más projundo cuando no halla compasión. 698 En tan crueles pesadumbres, en tan duro padecer, empezaba a encanecer después de muy pocos meses; alli lamenté mil veces no haber aprendido a leer.