904 ¡Lo hubieran visto afligido llorar por las chucherías! "Me gañao con picardía", decía el gringo y lagrimiaba, mientras yo en un poncho alzaba todita su mercheria.

905 Quedó allí aliviao del peso sollozando sin consuelo; había caido en el anzuelo, tal vez porque era domingo, y esa calidá de gringo no tiene Santo en el cielo.

906 Pero poco aproveché de fatura tan lucida; el diablo no se descuida, y a mí me seguía la pista un ñato muy enredista que era Oficial de partida.

907 Se me presentó a esigir la multa en que había incurrido, que el juego estaba prohibido, qus iba a llevarme al cuartel tuve que partir con él todo lo que había alquirido.

908 Empecé a tomarlo entre ojos por esa albitrariedá; yo había ganao, es verdá, con recursos, eso sí; pero el me ganaba a mí fundao en su autoridá.

909 Decían que por un delito mucho tiempo anduvo mal; un amigo servicial lo compuso con el Juez, y poco tiempo después lo pusieron de Oficial.

910 En recorrer el partido continuamente se empleaba; ningún malevo agarraba, pero traia en un carguero gallinas, pavos, corderos que por ahi recoletaba.

911 No se debía permitir el abuso a tal estremo. Mes a mes hacía lo mesmo, y ansí decía el vecindario: "Este ñato perdulario ha resucitao el diezmo."

912 La echaba de guitarrero y hasta de concertador: sentao en el mostrador lo hallé una noche cantando y le dije: "Co…mo…quiando con ganas de oir un cantor."

913 Me echó el ñato una mirada que me quiso devorar, mas no dejó de cantar y se hizo el desentendido; pero ya había conocido que no lo podía pasar.