En la imposibilidad de hacer una reseña analítica de las ideas contenidas en la vasta bibliografía, digamos solamente que la Iglesia encargó, en 1913, a Stanton Coit, la redacción de un Social Worship, o Manual del Culto Societario, cuyos dos volúmenes acentúan todavía más el carácter religioso de las sociedades éticas inglesas. Y para que esa evolución de la forma no induzca a creer que las ideas han cambiado, mencionaremos este pasaje de un sermón sobre la lealtad intelectual: "Si un hombre posee una creencia, pero ahoga las dudas que surgen en su espíritu respecto de ella, y evita los hombres y las lecturas que de ella tratan y podrían ilustrarlo, y tiene además por impíos los pensamientos que podrían perturbarla,—la vida de ese hombre no es más que un largo pecado hacia la humanidad".

6.—El Culto Religioso de la Moralidad

Acostumbrados a concebir la independencia moral como un apartamiento de la religiosidad, y no dentro de ella,—como efecto de la religión dogmática en que hemos sido educados—nos causa cierta impresión de extrañeza la conservación de la exterioridad ceremonial, y aun del nombre de iglesias, en sociedades cuya concepción naturalista de la divinidad no conseguimos distinguir del ateísmo.

Acaso una comparación con algo que conocemos definidamente, nos permita entender mejor el sentido global del eticismo inglés. Poniendo en el hombre la divinidad, y mirando su perfeccionamiento moral como el advenimiento de la divinidad misma en cada hombre, el eticismo se presentaría como una doctrina del superhombre moral, predestinado a surgir del hombre religioso contemporáneo, y satisfaciendo las tendencias místicas del temperamento individual.

Recordad que William James, después de estudiar las Fases del sentimiento religioso, llega a la conclusión de que en la hipótesis de la divinidad los hombres han sintetizado su sentimiento de admiración por lo que creen primordial, unánime y verdadero en sí mismo. La religiosidad sólo puede definirla como "la reacción total frente a la vida"; de allí su pregunta: ¿por qué, entonces, no decir que cualquier reacción total frente a la vida es una religión? Dejo a vosotros la respuesta, muy cómoda para los ateos que no quieren pasar por tales; yo os confieso que la pregunta de James me parece muy hábil, pero sospecho que es peligroso seguir embrollando a la humanidad con sabias hipocresías. Si la religiosidad es un sentimiento individual, las religiones sólo comienzan a existir cuando los individuos se organizan para cultivar o difundir creencias comunes, uniformando su conducta para ciertas prácticas. Al decir, pues, que el eticismo puede asumir un aspecto religioso, nos referimos, sin ambigüedad, a la organización en verdaderas comunidades regidas por prácticas rituales, y no a las simples reacciones de los individuos frente a la vida.

En algunas de las Iglesias Éticas se ha producido, con el tiempo, un fervor místico que parece contrastar con el espíritu antidogmático y de libre crítica que figura en sus programas. Ahondando el examen, sin embargo, se percibe que la aparente contradicción sólo es un resultado de nuestros hábitos mentales, que nos impiden separar dos cosas que acostumbramos ver unidas; el sentimiento místico y las creencias dogmáticas. Los eticistas no sólo respetan el primero al repudiar las segundas, sino que tratan de utilizar en beneficio de la moralidad el misticismo que actualmente está desviado por dogmas contrarios a su espontánea expansión: ofrece un campo de experiencia más vasto a una inclinación natural de la personalidad humana.

Por otra parte, atendiendo solamente a su eficacia sobre cada uno de sus creyentes, es indudable que las iglesias de todos los tiempos, además de satisfacer los sentimientos místicos, han satisfecho muchos sentimientos estéticos. Que el objeto del culto sea un Dios sobrenatural o la Moralidad humana, debe reconocerse que el ceremonial de una iglesia es un elemento efectivo de exaltación del culto mismo. Los jesuítas, profundos psicólogos, han comprendido siempre que la riqueza ornamental de sus iglesias es el mejor imán para atraer a las masas místicas; el número de creyentes que puede mirar esa mise en scène como una falta de respeto a la Divinidad, es muy pequeño. Por esa misma razón comprendemos que, en cierta medida, los eticistas hánse visto en la necesidad de no extremar su primitivo deseo de formas sencillas y severas; actualmente dan la impresión de iglesias cristianas, donde se ha convertido a Dios en la Moral y se ha reemplazado el paraíso por la naturaleza, sin que todo esto disminuya la exterioridad del culto.

"Nosotros tenemos un Dios; nosotros tenemos altares. Nuestro Dios: el Ideal Moral, la potencia del bien en la humanidad, o, mejor, todas las fuerzas del bien actuantes en el mundo. Nuestro Dios está diseminado en toda la humanidad.

"En todas partes, donde un ser trata de hacer el bien y se esfuerza por perfeccionarse moralmente, allí está Dios, allí Dios deviene. El no vive sino en nosotros y por nosotros, y todos nosotros somos divinos en alguna medida.

"Nuestro Dios no es todopoderoso, no es sobrenatural, no es exterior a la humanidad.