5.º. La simulación, por detallada que sea, es exterior y visible solamente, no extendiéndose jamás a los caracteres internos, ni a aquéllos que no modifican la apariencia exterior.
Posee mayor interés psicológico el mimetismo movible. Al hablar de la homocromía hicimos ya notar que la había movible, recordando el clásico ejemplo del camaleón; señalamos también que en ciertos fenómenos de simulación de plantas u objetos por animales, intervenía la voluntad de éstos. Aquí mencionaremos algunos fenómenos activos de mimetismo voluntario entre las especies animales; su síntesis, como significación en la lucha por la vida, nos la da el lobo disfrazado con piel de cordero o el grajo con plumas de pavo real, de las fábulas bien conocidas. Ello comprueba, una vez más, el principio general de que el arte, en sus manifestaciones más geniales y clásicas, puede anticiparse a señalar ciertos hechos que en épocas posteriores estudia la ciencia a la luz de sus métodos menos inexactos.
El Proctotretus multimaculatus, cuando está atemorizado por la presencia del enemigo, achata su cuerpo y cierra los ojos: de esa manera se confunde con la tierra que le rodea y difícilmente es visto. La larva joven del Pterogon Oeneterae está perfectamente adaptada, por su forma y color, con las hojas del Epilobium, entre las cuales vive; cuando pasa al estado adulto, su color y forma cambian, pues pasa entonces a vivir entre ramitas y hojas secas. La Arachnura Scorpionoides, parecida al escorpión, cuando es atacada, mueve su abdomen, estirado como una cola, de igual manera que los escorpiónidos, engañando fácilmente a sus enemigos. La Coronella Austríaca, semejante a la víbora, al ser agredida achata y dilata la cabeza análogamente a las víboras, manteniendo alejados a sus rivales. Los casos de simulación activa entre especie y especie podrían multiplicarse; los expuestos son suficientes para que afirmemos su existencia.
VI.—SIMULACIÓN EN FUNCIÓN INDIVIDUAL
Las simulaciones activas y voluntarias, además de referirse a otras especies animales, pueden ser relativas a estados especiales del animal mismo. Son las llamadas "ficciones"; en realidad no son más que simulaciones, usadas, como siempre, en calidad de medios de lucha por la vida.
Llegada es la oportunidad de hacer notar que cuanto mayor es el desenvolvimiento mental de una especie, mayor es su posibilidad de fingir y engañar a sus enemigos. La conciencia del acto que realiza aumenta progresivamente, así como la noción de su utilidad; en cierto grado de la escala biológica encontramos animales que simulan tan hábilmente como el hombre mismo.
Numerosos son los insectos que en presencia de sus enemigos simulan estar muertos o se inmovilizan para aprovechar sus semejanzas con cosas inanimadas: algunas Cucullia se dejan caer al ser tocadas y su aspecto inmóvil es idéntico al de un fragmentillo de madera. Otros animales simulan estar dormidos mientras acechan sus presas; el ratón suele fingirse muerto para escapar del gato; el zorro es memorable y ha inspirado el libro clásico de Goethe. Muchos animales cubren su cuerpo con hojas, flores, lodo, etc., siendo perfectamente disimulados bajo el disfraz; para evitar los ataques de sus adversarios, caminan con el objeto a cuestas. (Un fenómeno de este grupo nos sugirió, por asociaciones de ideas, la filogenia de los fenómenos de simulación). Algunos se cubren con otro animal, no comestible para sus enemigos: es característico el caso de la Dromia, que coloca sobre su dorso una esponja, manteniéndola fijada por medio de dos patas posteriores, convenientemente transformadas para su objeto. Este caso es análogo al de algunos indios de las pampas americanas, que suelen ocultarse bajo el vientre de los caballos para no ser vistos por los enemigos, llevando sus ataques por sorpresa; y es sabido que usando de un ardid semejante logró Ulises escapar con sus compañeros de la caverna de Polifemo, después de haber reventado el ojo del cíclope.
VII.—UTILIDAD DE ESTOS FENÓMENOS EN LA LUCHA POR LA VIDA
Los fines a que responde la simulación en los animales son un sencillo corolario de los fenómenos que acabamos de revistar. Lo mismo da que se trate de fenómenos involuntarios, reflejos o conscientes; nada importa que se imite el color del medio, la forma de un objeto, los caracteres visibles de otra especie, o una manifestación de la conducta. En todos los grados y en todos los casos, sea o no inteligente, llámese homocromía, mimetismo o simulación intencional, converge siempre a este único fin utilitario: mejorar la situación del simulador en la lucha por la vida, adaptándolo favorablemente a las condiciones especiales en que ella se presenta.
Hemos visto que en algunos casos la simulación es ofensiva: adaptación del color del león o del oso polar al de su ambiente, de la araña que acecha al insecto simulando el aspecto de una orquídea, del animal que simula estar dormido para inspirar confianza a su presa.