El concepto de "hombre de carácter" expresa la intensificación de una modalidad que puede ser común. En último análisis no existe un solo individuo, por muy amorfo que sea, que no tenga algunos caracteres propios y personales, que no ejerza su acción—tan infinitesimal como se quiera—sobre el medio en que vive; todos, desde el más grande hasta el más pequeño, nacen o se moldean con más o menos rasgos personales, contribuyendo, necesariamente, según su poca o mucha capacidad, a la vida del agregado social. Lo "indiferente" y lo "característico", sólo aparecen claros cuando se juzga al individuo por su función. Enfocando de esta manera la psicología de los hombres—como hiciera Voltaire en "Micromegas",—vemos que la inmensa mayoría desaparece, confundida en una amalgama de uniforme pasividad: multitud de unidades que, aisladamente, no tienen importancia alguna.
Bien observa Ribot que la dinámica social es el producto de la acción de tendencias contrarias; cada tendencia tiene su antagonista que la equilibra y enfrena, en sentido saludable para el conjunto. Edward Carpenter, en su ingeniosa "Defensa de los criminales", intentó poner de relieve la utilidad que reportan a la sociedad ciertas formas de delincuencia, ideas que ha enunciado, en parte, el mismo Lombroso, en una breve monografía llena de ideas susceptibles de fecundo desarrollo (La funzione sociale del delitto).
Los exagerados son necesarios para el desarrollo social de una función o modalidad del espíritu. El doctor Stockmann, que nos pinta Ibsen en "Un enemigo del Pueblo", es el tipo característico del individualismo; pero esta cualidad sería socialmente nociva si implicara considerar, como él hace, que la asociación en la lucha por la vida es perjudicial y que el hombre más fuerte es el que está más solo. El Juan Moreira de la tradición gauchesca, que encarna en los folletines de Gutiérrez tantas reminiscencias atávicas desvanecidas hoy al calor de la civilización, es el característico del valor personal; pero a nadie escaparán los peligros sociales que tendría la existencia del valor si todo valiente exaltara su cualidad hasta límites semejantes. Sin embargo, esos tipos son términos de comparación necesarios para que miles de conciencias amorfas cultiven su individualidad y procuren no ser cobardes.
Los característicos se forman por la misma acción de la vida social, respondiendo a la necesidad de la división del trabajo. Esta necesidad, tanto mayor cuanto más complejo es el organismo colectivo, guarda relación directa con el grado de evolución de las sociedades humanas, como lo demuestra Durkheim al estudiar la "División del trabajo social".
En la formación de los "hombres de carácter" intervienen factores externos e internos, sociales y biológicos. Cada uno de ellos puede ser engendrado por las condiciones de lucha del medio social. En realidad, todos los hombres, en la lucha por la vida, son gladiadores que pelean o actores que recitan: ninguno prescinde de su público cuando actúa; quien prescindiera en absoluto del medio sería un "característico" de la despreocupación.
También puede influir la herencia de elementos característicos, repetidos y consolidados a través de las generaciones precedentes. Otras veces la anomalía mental parece intervenir tanto como el medio social. Pero no la anomalía mental considerada con el criterio estrecho de la clínica, que se limita a amoldar a su docena de marcos cómodos—que llama "formas clínicas",—los fenómenos más llamativos de la patología mental; la anomalía debe ser entendida en un sentido vasto—tal como Ferri la esboza en su estudio sobre los anormales,—abarcando todas las divergencias de la psiquis media: desde esas escabrosidades que estudió Cullere en "Les frontières de la Folie", hasta las formas trágicas del derrumbe mental.
Partiendo de esas premisas, indispensables para el mejor desarrollo de este capítulo, analizaremos las dos cuestiones que directamente atañen a nuestro asunto:
1.º. Proporciones en que la simulación se manifiesta en el carácter de todos los individuos.
2.º. Predominio especial de la simulación en el carácter de ciertos individuos: los simuladores característicos.