Simular, hemos dicho, es adoptar los caracteres exteriores y visibles de lo que se simula, a fin de confundirse con lo simulado. La mentira, la hipocresía, la astucia, pueden asumir formas que impliquen la simulación, pero no son siempre y necesariamente simulaciones.
Sin embargo, no siendo la mente humana un aparato simple, de efecto único, sino un complejo de acciones y reacciones, rara vez podrá aparecer un individuo—por muy "característico" que sea—cuya personalidad tenga una sola manifestación.
Ribot considera la "unidad" del carácter como una de sus cualidades indispensables, junto con la inneidad y la estabilidad; por ese motivo, además de los amorfos, se ve obligado a excluir de los caracteres a los instables, negando también la categoría de característicos a los intelectuales, los voluntarios y los templados. Esa exageración del valor de la "unidad" en el carácter humano es compartida por otros psicólogos; a todos pudieran responder las siguientes palabras de Tolstoy, en cuya "Resurrección" no escasean las observaciones psicológicas perspicaces. "Uno de los prejuicios más arraigados y difundidos consiste en creer que todo hombre posee exclusivamente ciertas cualidades definidas, que es bueno o malo, inteligente o bruto, enérgico o apático, y así sucesivamente. Podemos decir de un hombre que es más a menudo enérgico que apático, e inversamente; pero decir de un hombre, como suele hacerse, que es bueno o inteligente, y de otro que es malo o bruto, es desconocer el verdadero carácter de la naturaleza humana. Los hombres son como un río; aunque formado siempre por agua, ora es ancho y ora estrecho, lento o rápido, tibio o helado. Los hombres, también, llevan en sí el germen de todas las cualidades humanas, y ora manifiestan una, ora otra, mostrándose a menudo diferentes de sí mismos, es decir, distintos de lo que suelen aparentar. Pero en ciertos hombres esos cambios son más raros y se preparan con lentitud, mientras que en otros son más rápidos y se suceden con mayor frecuencia". En los simuladores, lo mismo que en los demás característicos, encuéntrase una cualidad predominante, no excluyente; entre los elementos del carácter algunos se coordinan y otros se subordinan, combinándose para determinar la resultante: por eso veremos el tipo del simulador generalmente asociado con otros que le imprimen fisonomía particular.
En general, pues, junto con la aptitud característica coexisten las afines, u otras de índole diversa, que pueden no ser afines. Es frecuentísimo, como observa Venturi, encontrar el tipo mixto del envidioso-calumniador, del ambicioso-genial: cualidades afines; también es posible ver pródigos-mentirosos, ladrones-altruístas, ambiciosos-serviles: caracteres que no se excluyen, aun siendo el uno útil y el otro perjudicial para la sociedad. Aunque les niega título de caracteres, Ribot confirma su existencia; los tipos mixtos corresponden o se aproximan a los que él llama "caracteres contradictorios sucesivos", "caracteres contradictorios simultáneos" y "caracteres instables y polimorfos".
Falsearía, en suma, nuestro pensamiento, quien entendiera que la función característica es única y excluyente; ella sólo implica la intensificación, hasta ser predominante sobre las demás que con ella coexisten. Con ese criterio estudiamos la psicología de los simuladores.
Preguntad a cualquier médico quién fué Charcot; os contestará, sin duda: un neurólogo. ¿Y acaso no habría podido ser, también, afectuoso como padre, celoso como marido, curioso como observador, pródigo o avaro, astuto o inocente, espontáneo o simulador, en las mil manifestaciones de su vida? Pero él no ha existido, ni ha sido "característico", sino como renovador de la patología nerviosa.
Del sacerdote Castro Rodríguez o del anarquista Ravachol, cualquiera os dirá que fueron homicidas; nadie recordará que el primero era hipócrita, avaro, mentiroso, ni que el segundo era ladrón, pródigo, sectario. Fuera de su característica como homicidas, ellos no han existido.
Al analizar, pues, los diversos tipos de simuladores, los encontraremos complejos, combinados con otros caracteres afines o predisponentes. Hay, en efecto caracteres psicológicos que guardan estrecho parentesco: el mentiroso suele ser fantástico o vanidoso, el modesto suele ser apático o ingenuo. De igual manera veremos que, siendo astuto o servil, fisgón o no conformista, psicópata o sugestionable, se está predispuesto a pertenecer al grupo de los simuladores característicos, dando fisonomía propia a diversos tipos especiales.