DIAGRAMA I—LUCHA POR LA VIDA EN LA EVOLUCIÓN SOCIAL.

Si la intensidad de la lucha disminuye, debe disminuir la intensidad de los medios requeridos para ella. En otras palabras, a medida que disminuye la resistencia, debe disminuir la cantidad de energía empleada. En un ambiente social primitivo, donde la producción es escasa e insuficiente, la lucha por la vida es más intensa contra la naturaleza, siendo mayores los esfuerzos que debe hacer el individuo para sobrevivir. En cambio, cuando en los agregados humanos aumenta la capacidad de producción, el bienestar medio se eleva, la asociación para la lucha se organiza, y los individuos necesitan desplegar menos esfuerzos para vivir en condiciones de mayor bienestar.

Cuando las resistencias de la lucha equivalen a cien, el individuo desarrolla medios de lucha que representan un esfuerzo igual a cien; cuando la asociación atenúa la lucha en un treinta por cien, los medios de lucha empleados sólo ascienden a setenta. Esta noción es simple; aumenta su sencillez explicándola en forma numérica.

Pero en esa atenuación de los medios de lucha se establecen diferencias cualitativas. La violencia y el fraude no siguen el mismo curso, ni se modifican caprichosamente. En los agregados sociales primitivos los medios violentos predominan en la lucha por la vida sobre los astutos; basta pensar que la violencia es correlativa del sentimiento de antagonismo, propio de agregados donde la lucha es mayor; el freno a la violencia es el sentimiento de solidaridad social, correlativo de la asociación para la lucha.

En la evolución humana el antagonismo se atenúa y la asociación aumenta; con ésta crece la solidaridad, disminuyendo los medios violentos de lucha por la vida, sustituidos por medios fraudulentos; o, como suele decirse, "la violencia se transforma en fraude".

Prueba de ello encontramos en la evolución del delito. Este ejemplo es expresivo; en último análisis, el delincuente es un sujeto que, en la lucha por la vida, ha excedido los límites fijados por la ética del medio social en que actúa. Sin entrar en otras consideraciones, superfluas para nuestro objeto, damos por demostrada esa evolución de la delincuencia, enviando al lector a los estudios especiales de Ferri, Sighele, Tarde, Ferrero, Niceforo y otros. El hecho es ése; poco importa que ese aumento se considere absoluto, relativo a la delincuencia violenta, o un resultado de una transformación del delito violento en fraudulento. El hecho existe, es indudable.

Podemos formular un principio general. En relación a la lucha por la vida, los medios violentos tienden a disminuir, y los medios fraudulentos tienden a aumentar. Hay sustitución de la violencia por el fraude, o bien transformación de aquélla en éste.

Pero, según hemos visto, la intensidad de la lucha por la vida no es constante; atenúase progresivamente. Podemos, pues, formular este otro principio, más complejo pero igualmente exacto:

Relativamente a la evolución social los medios violentos de lucha tienden a atenuarse; los fraudulentos (aumentando siempre con relación a los violentos) tienden a un aumento absoluto mientras predomina la lucha, pero disminuyen cuando comienza a predominar la asociación.