Nosotros, amantes de las glorias españolas y de nuestro Ejército y Marina, las defenderemos también en el curso de este trabajo; pero incompetentes para seguir el mismo método, alegaremos, en primer término, razones del orden moral, histórico y jurídico, á fin de que se conozca mejor el origen de todas nuestras terribles calamidades y el remedio posible y oportuno que nos resta.

Según la práctica del sistema que nos ha conducido á tan espantosa decadencia, no se puede exigir á los Gobiernos responsables más responsabilidad que la de su caida ignominiosa; y es necesario que todos pensemos en lo que ha de sustituir á lo presente.

Los llamados á regenerar á España no han de ser políticos de oficio, ni volterianos en la fe; y como el Ejército y la Marina no pertenecen á ningún partido político, y en ocasiones solemnes han hecho sus jefes y soldados pública manifestación de su fe católica, y por cumplir sus deberes han perdido sus vidas tantos valientes y otros han sacrificado hasta sus prestigios personales; por todo esto es lícito considerarlos como entre los llamados á regenerar á esta nación desventurada.

La disciplina militar, de la que tan brillantes pruebas ha dado el Ejército y la Marina, aplicada en proporción y forma conveniente á la futura política, será importante elemento de restauración social.

Esta esperanza patriótica justifica en cierto modo el honor que tenemos AL DEDICAR AL EJÉRCITO Y Á LA MARINA este humilde trabajo: mas á ella se une un recuerdo de otros tiempos y una convicción de actualidad.

Entre las proezas históricas del Ejército y de la Marina, leímos en nuestra juventud LA VINDICACIÓN DE LA ARMADA ESPAÑOLA en el que llamaron los poetas GLORIOSO DESASTRE DE TRAFALGAR; desde entonces no hemos olvidado los nombres inmortales de Gravina, Churruca, Galiano, Alcedo, Moyúa y Castaños, y nunca se ha extinguido nuestra admiración á esos valientes y el amor á la Marina y al Ejército; por esta causa, al renovarse parecidos desastres é igual heroismo, queremos vindicar á nuestra Marina y al Ejército de injustas acusaciones, y dedicarles el testimonio de nuestra leal consideración.

Cumpliendo este deber de justicia y de patriotismo, nos embarga el temor de que nuestros esfuerzos no correspondan á la grandeza del fin propuesto y á lo que exigen las necesidades actuales; y sentimos con toda ingenuidad que otros más competentes é ilustrados no hayan acometido este laborioso empeño en el orden preciso, para que resultara mejor defendida la causa de la verdad, de la justicia y de la patria, que es la causa de todos los buenos españoles y de lo porvenir de España.

Llenos de confianza, esperamos que el Ejército y la Marina se dignarán aceptar esta dedicatoria respetuosa de un español que desea servir á su patria con la bravura y la fidelidad con que le han defendido y servido tantos mártires de su deber, en la guerra más inícua y torpe que ha presenciado nuestro siglo.