Al primer vuelo

D. José María de Pereda


[I—] Antecedentes
[II—] La tesis de Don Alejandro
[III—] El ojo de Bermúdez Peleches
[IV—] De lo que escribió desde Villavieja
Don Claudio Fuertes y León,
a Don Alejandro Bermúdez Peleches
[V—] Quince días después
[VI—] Entre buenos amigos
[VII—] Visitas
[VIII—] En el casino
[IX—] La familia del boticario
[X—] De tiros largos
[XI—] El «flash»
[XII—] Después del paseo
[XIII—] Las primeras semanas
[XIV—] Crónica de un día
[XV—] Cartas cantan
[XVI—] Gacetilla
[XVII—] Mar afuera
[XVIII—] Bajo el tambucho
[XIX—] En la villa
[XX—] En Peleches
[XXI—] Al día siguiente
[XXII—] Un incidente grave
[XXIII—] La tribulación del boticario
[XXIV—] «El Fénix villavejano»
[XXV—] En el que todos quedan satisfechos menos el lector

—I—
Antecedentes

O tiene escape. Denme ustedes un aire puro, y yo les daré una sangre rica; denme una sangre rica, y yo les daré los humores bien equilibrados; denme los humores bien equilibrados, y yo les daré una salud de bronce; denme, finalmente, una salud de bronce, y yo les daré el espíritu honrado, los pensamientos nobles y las costumbres ejemplares. In corpore sano, mens sana. Es cosa vista... salvo siempre, y por supuesto, los altos designios de Dios.»