—Pues, hombre, ya que me la echa usted de plancheta, le diré que allá saldrán las dos en andadura, como salimos en años uno y otro.
—No es regla esa, don Alejandro.
—Sobre todo, cuando se saca en la cuenta el pico gordo que me saca usted a mí.
—¡Yo a usted?
—¡Toma, y se admira, canástoles!
—¡Yo lo creo!
—Pues mal creído...
—¿Cuántos años tiene usted, entonces, o, mejor dicho, cuántos cree tener?
—Ni tampoco cincuenta y ocho...
—Lo menos sesenta y dos...