... ¿Dicen ustedes que éstas son impertinentes y sobadas vulgaridades?... Séanlo enhorabuena; pero atrévase un buen Juan á hacerse con ellas solas hombre ameno y travieso, y verá cómo le plantan en seco. Hay que desengañarse: para decir ciertas cosas y brillar en ciertos terrenos, hay que ser mozo de cierta catadura.

La del de quien vamos hablando parece cortada para el oficio. Como ramo de su ciencia, conserva en la memoria muchas anécdotas rechispeantes de la última campaña del gran mundo, y anuncia el desenlace de más de un suceso interesante, para la próxima. Y como todos los del corrillo son de Madrid, dicho se está que las agudas murmuraciones y los retorcidos discreteos no languidecen un punto, por falta de interés.

Posee otra cualidad, muy importante para esto de veranear con éxito en una provincia entre las personas que lo han por oficio: sabe de corrido toda la fraseología literaria y musical de moda entre la gente madrileña.

Y cuidado, que esto no es grano de anís. Figúrense ustedes que por allí anda muy en boga Dante, como anduvo un invierno, porque un orador del Parlamento dijo, á cuento de no sé qué:

Nom ragioniam di lor, ma guarda e passa,

cosa, por lo visto, hasta entonces no oída en Madrid, según la prisa que se dió todo el mundo, en papeles y en corrillos, á traducir la cita, á estudiar el pasaje entero, á desentrañar el intríngulis, á hablar de la Divina Comedia, y hasta á poner en perverso castellano el inmortal poema. En tal caso, ¿qué joven que se precie de ilustrado, ha de salir á provincias el verano siguiente sin saber decir, por ejemplo, cuando se le cae de la boca la punta del cigarro, ó de la mano el bastón, que se le cayeron

... como corpo morto cade?

ó cuando quiere bromearse con alguno que no encuentra lo que busca, ó que llega tarde:

Lasciate ogni speranza?...

ó si trata de pintar el abismo en que se han hundido sus ilusiones: