En Dios y en mi ánima te juro que ya no sé lo que es realismo en las obras del ingenio, desde que tanto se zarandea la palabra entre las plumas de la crítica. Si por realismo se entiende la afición á presentar en el libro pasiones y caracteres humanos y cuadros de la naturaleza, dentro del decoro del arte, realista soy, y á mucha honra lo tengo; pero si con tal calificativo se me quiere filiar, como ya se ha hecho, y hasta en son de alabanza, bajo las banderas, triunfantes hoy ultra-montes, de un naturalismo hediondo que pinta al desnudo los estragos del alcohol, la inmundicia de los lavaderos y las obscenidades de las mancebías, protesto contra la injuria que de tal modo se me infiere. Hay, sin embargo, quien ha visto poesía y belleza en el fondo de esas letrinas de la literatura. ¿Qué no serán capaces de ver ciertos linces de la crítica!
No niego que las hayan visto; pero desde luégo renuncio á la gloria de ser poeta de semejante linaje. En cambio, quiero reivindicar para mí la muy escasa que me pertenezca por haber venido al campo del arte mucho antes que todo eso, tal como ahora soy y sin otra filiación ni otra escuela que mi peculiarísima complexión literaria.
En cuanto á los Esbozos y Rasguños, que vuelvo á ofrecerte hoy, cuéntalos entre tus manos á la hora menos pensada, si no lo impide, y mucho me temo que lo impida, algún otro pensamiento que, de improviso, me asalte las puertas del magín.
De todas maneras ¡y mira si soy honradote! no des largas á la curiosidad; pues éste mi propósito de ir echando la obra al último rincón de la casa, te hará entender bien claro lo poco que perderás en no llegar á conocerla en todos los días de tu vida. Esto te consuele y Dios te valga; lo cual no se opone á que compres el libro de que íbamos hablando, y da comienzo en la página que sigue á éstas que te consagra, en señal de cortesía, su agradecido autor
José M. de Pereda.
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PATETA