(Tienden una mantilla en el suelo, y allí cada uno echa su pitanza.)
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LUCÍA. Tomasa, ve por el vino.
¿Sabes tú dónde lo hay bueno?
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TOMASA. ¿Bastará con cuatro azumbres,
á dos por cabeza?
MANUELA. ¡Infierno! Siempre has de ser estrujada; no sabes cuidar tu cuerpo. Y algunos niños si vienen ¿no han de probar algo de ello? Que traigan veintidós justas: en ocho más no paremos.
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(Sigue el coro de los hombres.)
EMETERIO. Juan, á tres riales es poco. Somos cuatro, y cuando menos beberemos doce azumbres.
ANTÓN. Simón, dice bien Miterio.