Para cuando se pongan en duda estas palabras, me reservo el recurso de citar pueblos enteros, como el Astillero de Guarnizo, compuesto de casas de campo, construidas, de cinco años á esta parte, para residencia de verano de familias de Santander.

Si la señora respetable á quien me he referido más atrás resucitara hoy, no creería el cambio que han sufrido las costumbres de los de su comunión social.

Pero vamos á cuentas. No estoy censurando esta nueva afición de mis paisanos, que ya raya en manía; consigno un hecho sencillamente.

Dos observaciones debo hacer, siempre con la mejor intención, para gobierno de mis lectores:

La distancia más larga desde el centro de Santander al campo, se anda, á pie, en diez minutos.

La localidad que abandonan en verano las familias que se van al campo, la aceptan como residencia campestre los que huyen de otras capitales á la nuestra.

Aunque de la unión de estas dos verdades resulta una consecuencia que no aceptarían de buena gana los neocampestres montañeses, yo quiero prescindir de ella; pues vuelvo á repetir que estoy consignando hechos, y esto con el objeto de demostrar la gran revolución operada en las costumbres de la sociedad de Santander en muy poco tiempo. No se extrañe, pues, que me haya detenido á apuntar algunos detalles que, á primera vista, parecen ociosos.

FOOTNOTES:

[Footnote 20: No se olvide que esto se escribía en 1864. (Nota del A. en 1885.)]

[Footnote 21: Por distraído que el lector sea, habrá observado que, entre el principio y el fin de este libro, cambia bastante el modo de ver y de sentir el autor la vida campestre. Tiene esta inconsecuencia su disculpa en que las ESCENAS no se escribieron con un plan determinado ni en una sola sentada, ni son obra de la madura reflexión del filósofo, sino el fruto de los ocios de un muchacho impresionable. (Nota del A. en 1885.)]