—¡Bribona, tú la has hecho hoy … y yo te voy á abrir en canal!—grita exasperado el Tuerto al notar la turbación, cada vez más visible, de su mujer.—Á ver el dinero, digo, ¡pronto!

La interpelada saca, temblando, unos cuartos de su faltriquera, y sin abrir toda la mano, se los enseña á su marido.

—¡Esos no son más que ocho cuartos … y yo te dejé veintiuno!… ¿Ónde están los otros?…

—Se me habrán perdido…; que yo tenía los veintiuno esta mañana….

—No puede ser: yo te di dos reales en plata.

—Es que … los cambié en la plaza….

—¿Qué ha hecho tu madre esta mañana?—pregunta rápido el Tuerto al mayor de sus hijos, cogiéndole por un brazo.

El chiquitín tiembla de miedo, mira alternativamente á su padre y á su madre, y calla.

—¡Habla pronto!—dice el primero.

—Es que me va á pegar madre si lo digo—contesta, haciendo pucheros, el pobre chico.