Y Nica dijo que sí, pero sin dejar de sonreírse. En seguida preguntó a su amiga:

Pero ¿no puede ocurrir que la dama de esa comedia tenga, al llegar ese desenlace, el corazón interesado por otro galán de los de la sala?

¡Yo lo creo!..., ¡y a quién se lo preguntas!—respondió Sagrario en un arranque de sinceridad de los suyos.

—Pues, entonces...

—Entonces ¿qué?

—Más claro: tú no amas a Gonzalo

Naturalmente.

—¿Y no preferirías para marido al hombre a quien amaras?

—Ponlo en presente: a quien amo.

—Lo pongo: a quien amas.