»—Muy bien—respondí tan ufana como si fuera verdad.
»—Luego no has meditado...
»—Ha sobrado tiempo para todo.
»—¡Yo he pasado muy mala noche!
»—Y debía ser cierto, porque parecía un cadáver; pero, así y todo, dudo que su noche fuera más mala que la mía. Díjela que lo sentía en el alma, y me preguntó, sonriendo a la fuerza:
»—Y ¿qué has resuelto?
»—Esperar.
»—¿A qué?
»—A lo que resulte del plan que yo también he formado.
»—¡Has formado un plan?