—Si esto sigue como empieza, dentro de un par de días se podrá ir preparando el terreno.
—¿Para qué?—respondí.
—Para tantear el vado.
—¿Qué vado?
—El de la administración... En mi juicio, va á ser, Pedro, coser y cantar. Con este hombre no se conciben imposibles. Nada te digo de la secretaría, porque en cuanto le haga una seña con el dedo al señor de Calderetas, ya está el alcalde boca abajo.
Repliqué á esto, aunque me halagaba muchísimo, que, en mi opinión, convenía dejarlo para más adelante, porque no creyera el Excelentísimo señor que el interés de la ganga era lo que nos movía á ser tan atentos y obsequiosos con él. Túvose por bueno mi reparo; y sin otros particulares que dignos de narrar sean, nos fuimos á la cama.
VI
Continuando sin perder día el trato de aquellas empingorotadas gentes, llegó á establecerse entre ellas y nosotros cierta familiaridad que, sin menoscabo del debido respeto, quitaba de nuestras conversaciones y empresas la estudiada ceremonia y la artificiosa etiqueta, estorbos de gran monta para llegar á conocerse y estimarse las personas.
Con esto se me venían á las manos las ocasiones de acompañar á los forasteros; y como yo cuidaba de no pasar más allá de aquello en que se me alcanzaba alguna cosa y para lo cual era llamado, quedábame la seguridad de no ser impertinente, ya que en punto á la calidad de la estimación que me iba conquistando, me conformara con muy poco.