En concreto, sólo pude saber que quedaba muy alegre esperando mi llegada.
Dábame los nombres de pueblos y montañas cuando yo se los pedía, sin cambiar el ritmo airoso de su andadura ni volver por completo la cara hacia mí. Verdad que tampoco le miraba yo derechamente cuando le preguntaba alguna cosa, porque más que en él, llevaba puesta la atención en los detalles del paisaje y en el arrastrado vientecillo que me iba poniendo las orejas encarnadas.
Quejándome de ello una vez y mostrando recelos de que lloviera al cabo.
—No hay que temelu—me dijo levantando, tan alto como pudo, el índice de su mano derecha, después de haberle metido en la boca—. El aire es cierzu, y la niebla espienza a jalar parriba en los picachus.
Cuando intimamos algo más, supe que se llamaba «Chisco», que servía en casa de mi tío muchos años hacía, y que no era natural de aquel pueblo, sino de otro más abajo. Me admiraba, y así se lo dije, verle caminar suelta y desembarazadamente con un calzado tan pesado y tan recio, que sonaba en las lastras del camino como si las golpearan con un mazo.
—Por acá no se gasta otru en lo más del añu—me respondió saltando con la agilidad de un bailarín por encima de un jaral que le cortaba la línea recta que iba siguiendo—. ¡Y probes de nos con otra cosa más blanda en los pies pa trotear por estos suelus!
Desconcertado y pedregoso era a más no poder el que íbamos dejando atrás, y no le prometía más placentero la muestra del que teníamos delante. Por fortuna, el repliegue en que el sendero se arrastraba era relativamente descubierto y franco, en particular a nuestra izquierda.
—¿Será por este orden—pregunté a Chisco—, todo lo que nos falta por andar?
—¡Jorria!—contestó el espolique haciendo casi una zapateta—. ¡Qué yanu se lo pide el cuerpu! ¡Si estu es una pura sala!
¡Buen consuelo para mí, que llevaba ya los riñones quebrantados de cabalgar por tantos y tan repetidos altibajos, y comenzaba a sentir en mi espíritu madrileño el peso abrumador de los montes y la nostalgia de la Puerta del Sol y de las calles adoquinadas!