—¡Ni me los miente, señor, por obra de caridá!—me replicó volviendo a compungirse—. Paez que los males, como si oyeran, se ponen de pie en cuanto se les menta en boca...
—De todas suertes, resulta que los negocios de usted andan al revés del tiempo.
—¿Por qué lo diz, cristianu?
—Porque a la vez que él se embravece y se emperra, ellos van mejorando.
—Siempre lo que Dios jaz está bien jechu... ¡Ah, si esto durara muchu!...
—¿El temporal?
—Y lo otru.
—¿Cuál es lo otro?
—Lo que reza con lo que usté quiere saber.
—Y sin llegar a conseguirlo, por más señas... Vamos a ver, Facia: ahora que está usted un poco más tranquila, ¿por qué no me lo cuenta? ¿Por qué está llevando usted sola tan pesada carga?... porque yo creo que ni siquiera Tona tiene la menor noticia de ella...