El sol comenzaba apenas á producir sobre las crestas nevadas sus primorosas reverberaciones; una ancha faja de nieblas ceñía los cerros vecinos por la mitad, dejando en descubierto las eminencias con sus enormes peñascos de granito, y las bajas colinas, la ciudad y los vallecitos profundos y tortuosos del Jenil, frescos, verdes, floridos, cuajados de molinos y fábricas, de huertos primorosos y de hileras y grupos de álamos blancos y otros árboles enhiestos. La tierra parecía regocijarse, saludando al sol andaluz y á su admirable cielo con un concierto de armonías y una voluptuosa evaporación de aromas delicados.
Después de Loja, el camino sigue ascendiendo y caracoleando por entre bellas colinas bien cultivadas hácia el corazón de la Sierra. El viajero colombiano que recorre los caminos que cortan las Sierras españolas, no puede menos que sonreír con desden, al recordar que hay en Colombia perezosos fatalistas que creen que los Andes han condenado á la incomunicación á los pobladores de muchas comarcas montañosas del Nuevo Mundo. Al ver lo que se ha logrado, en punto á ferrocarriles y carreteras, en las regiones de los Alpes, los Pirineos y las Sierras de España, yo me decia: «No; los Andes, lejos de ser obstáculos, son el don mas prodigioso que Dios haya otorgado al Nuevo Mundo, y el pueblo que sepa aprovecharlos será el mas feliz de la tierra. Con voluntad y dinero todas las regiones de los Andes son susceptibles de admitir cuantas carreteras y ferrocarriles pueda necesitar el movimiento social.»
En medio de aquel océano de cerros desnudos, de colinas caprichosas, de altas y pequeñas planicies y de abismos inmensos, circulan sin riesgo ninguno las diligencias por una excelente carretera. Tal parece á cada momento, á la vuelta de un recodo brusco, que va la diligencia á salvar un precipicio saltando de un cerro á otro, según es de accidentado el terreno. Así se anda de sorpresa en sorpresa. No he visto nada tan romántico, tan ásperamente hermoso y triste como aquellas reducidas planicies de la Sierra-Nevada, que parecen lechos de lagos disecados hace muchísimos siglos. Al entrar en el recinto de una de esas planicies, vastísimos salones de pavimento de esmeralda entre muros colosales de hierro y estaño, se cree que no hay salida posible hacia adelante. La vegetación es de una tristeza poética, pues todo el suelo está cubierto de plantaciones de trigo y otros cereales, ó legumbres, sobre cuya alfombra se destacan de trecho en trecho, gigantescas, sombrías y majestuosas, esas encinas de verdura perpetua llamadas en España alcornoques, cuyas ramas producen el corcho. Esos árboles son numerosísimos allí, como en todas las alti-planicies de las Sierras españolas, y son objeto de un comercio relativamente considerable. La naturaleza, previendo que el hombre inventaría la botella como un segundo vientre para guardar el vino, ha poblado la tierra de alcornoques en las planicies superiores á las faldas donde crece la generosa vid. Si todos los alcornoques que vegetan en el mundo produjeran siquiera para corchos!…
Al derredor de esos sencillos cuadros de verdura se levantan en completa circunferencia estupendas moles de granito del aspecto y la tinta mas singulares; todas abruptas, ásperas; con arrugas y grietas enormes,—unas cenicientas y opacas, otras del color del estaño con un brillo triste, otras negras ó pardas,—presentando los mas curiosos juegos de luz y sombra, según la inclinación del sol; y ya redondeadas en las cimas, ya en picachos extravagantes, en agujas ó conos truncados, ó en filas circulares y dentelladas que remedan estupendas coronas de hierro. Y encima de esas cabezas desnudas y esas moles de formas sorprendentes sin estratificación ninguna visible, descuellan perpendicularmente á lo lejos, como lámparas de plata y diamante pendientes del cielo, los altísimos lomos y las cúpulas entrecortadas de los nevados de la Sierra. Aquello es de una hermosura suprema, que convida al artista á la contemplación y desafía toda descripción….
Las ventas se habían sucedido (y por cierto que «no quisiera acordarme» de una cierta tortilla hecha con aceite rancio, como se usa en España, que me duró entre el paladar y las fauces mas de una semana); habíamos salido del centro de la Sierra, y comenzábamos á descender por entre un inmenso almácigo de cerros y colinas prodigiosamente complicados y entrelazados. La región de las encinas había terminado, y cruzábamos la de las faldas y los planos inclinados donde se hace un extensísimo cultivo de la viña. Es tanto como decir que bajábamos del cuello de la botella (el corcho) á su vientre embriagado (las uvas) Se comprende cuan enorme será, la producción de viñas en la provincia de Málaga, casi toda dé un terreno arrugadísimo por sus montañas desnudas, con solo ver que aún en las mas pendientes lomas y las profundidades y faldas mas escabrosas la tierra está cubierta de viñedos.
De repente, al volver un alto, recodo, el horizonte se abrió á nuestra vista, sin que ninguna eminencia interrumpiese el inmenso panorama. ¡Asombrosa hermosura la que nos aguardaba! En el fondo el valle, las costas y la ciudad de Malaga; más adelante los desiertos resplandecientes del Mediterráneo estrechado por dos continentes; á lo lejos, visibles solo con el auxilio del anteojo, las montañas azules del África, vagas, entrecortadas y confusas, hacia la costa de Tetuan; y todo cubierto por un cielo azul claro precioso é iluminado por un sol casi tropical: el magnífico sol africano! Aquello se contempla, se admira con supremo arrebato y luego con profundo embeleso; pero no se describe…. Yo sentía que mi corazón palpitaba sobre una eminencia de los Andes, en presencia de una pampa-océano….
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Bajo el punto de vista artístico y el intelectual, Málaga es una ciudad de escasísimo interés. Allí no reinan sino la industria y el comercio, y los recuerdos históricos apenas se revelan, con relación á la época de los Arabes ó Moros, en la estructura general de la ciudad, en algunas artes tradicionales, en muchos rasgos curiosos aunque de poca importancia, y sobre todo en el mar y el cielo. En efecto, el mar y el cielo de Málaga hacen pensar á cada instante en África, cuya atmósfera, bañando con sus ráfagas ardientes las costas españolas, es como un vínculo de unión entre esos dos semi-continentes que se saludan desde lo alto de sus montañas rocallosas por encima del Mediterráneo.
El valle en que reposa Málaga, encuadrada entre el mar y los últimos estribos de la Sierra, es muy reducido. Ensanchado sobre la costa en una circunferencia como de 20 kilómetros, se prolonga hácia el occidente por entre cordones de cerros, en una muy angosta vega que surcan el Gundalhorce, pequeño rio que corta la llanura á poca distancia de la ciudad, y el Guadalmedina, que la divide, corriendo trabajosamente por un lecho de arena fina, variable y que se presta á las inundaciones por la excesiva depresión de sus orillas ó anchas playas. La llanura es un hermoso huerto, vista desde las montañas que dominan á Málaga. Allí no solo crecen mil árboles frutales, la opulenta viña y todas las producciones de la fértil Andalucía, sino que se cosecha el algodon, el tabaco y mucha cochinilla, crece y prospera la caña de azúcar, y podría creerse que se siembra sobre un pedazo de la tierra africana.
Del lado del oriente la costa se extiende en una faja angosta y de líneas curbas y caprichosas, en la direccion de Vélez-Málaga y Motril. Al norte la ciñen y dominan los complicados contrafuertes de la Sierra-Nevada, y al occidente se destacan mil eminencias que erizan todo el terreno, en dirección á Cádiz, por la línea de la Sierra de Ronda, donde se encuentran las mas sorprendentes formaciones geológicas, así como notables curiosidades sociales. Ronda tiene la fama de ser una pequeña ciudad muy curiosa, en la provincia de Málaga. Si esta cuenta una población de 451,406 habitantes (la sétima en España en ese orden), su activa capital tiene 94,289, inclusos sus egidos. Málaga es uno de los grandes centros del liberalismo en España, como Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y todas las ciudades de movimiento social activo. Donde quiera que el comercio, la industria ó la acción política dan lugar á una fuerte vitalidad social, el sentimiento popular se inclina hacia la libertad y el progreso. El conservatismo no tiene sus fortalezas en España sino en las ciudades donde reinan la inmobilidad y el silencio.