El Dock tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en los momentos en que las mareas suben. El Dock se compone de una inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos minutos.

El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos, pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (stocks) la carga de retorno que necesitan.

De todo eso resulta que los Docks están siempre colmados por centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres hace girar por medio del Támesis.

¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí, los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes, buques y mercancías.

El Dock no es solo un establecimiento comercial y creado para el servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al depósito en el Dock, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad de los empresarios del mismo Dock. El propietario de la mercancía recibe un documento (warrant) que acredita su propiedad, con expresion de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las transacciones por medio del crédito.

Los Docks «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se acumula esa famosa escuadra pacífica, si se me permite la expresion, compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas, puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud de sus especulaciones.

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Al frente de los Docks de Lóndres está el famoso puente subterráneo llamado el Tunnel, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances, Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras esterlinas, ha quedado reducida al carácter de curiosidad ó monumento de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.

El Tunnel es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis, separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la tenacidad.

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