Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos, con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular. Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.
No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las trombas marinas.
Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso marítimo llamado Leviatan, la mas soberbia y la mas errada ostentacion del orgullo inglés, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino exteriormente, todavía en construccion en el interior, y por lo mismo muy incompleto.
Muchas descripciones del Leviatan han circulado en la prensa del mundo, y no las repetiré aquí, tanto mas cuanto que no quiero hablar sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fué la del asombro, y la admiracion hácia el poder de asociacion y de industria de los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que emprenden. El Leviatan, no siendo mas que un buque mercante ó de trasporte, es tan gigantesco que costó mas de cinco millones de pesos. Baste decir, como término de comparacion, que al lado del Leviatan se veía como un pigmeo un enorme navío de tres puentes, de primer órden, anclado allí constantemente y que sirve de hospital para los marinos extranjeros. Al pasar por el pié del gigante de hierro (que respira por siete enormes chimeneas) yendo á bordo de uno de los vapores ordinarios del Támesis, veia las gentes que estaban sobre el último puente del Leviatan como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los campaneros repicando. Uno de esos vapores del Támesis pasa por junto al Leviatan como una inquieta hormiga por el pié de un elefante inmoble y adormecido. Tal es la proporcion.
Sinembargo, temo que ese navío se reduzca á ser en los mares lo que el Tunnel en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez inútil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso.
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CAPITULO IV.
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JARDINES Y MONUMENTOS.
El Jardín Botánico;—el Zoológico.—El Coliseo,—El Museo
Británico.—San-Pablo.