La Valenciana domina con su ardiente mirada, pero intimida ó amenaza. Su abundante y sedosa cabellera, recogida en trenzas ó en un moño, y cubierta con un pañuelo de listas, atado en derredor de la cabeza en forma de turbante; sus ojos grandes, negros, ardientes y de mirada profunda, que hieren como la hoja del cuchillo árabe; su aire garboso y audaz; su fisonomía mas que redonda, casi ovalada, cortada por líneas sumamente rígidas; la energía de su voz; lo pintoresco de su estrecho vestido, compuesto de telas fuertes de colores brillantes, bajo las cuales palpita un seno incendiado y se dibujan las formas de una organizacion vigorosa; todo eso hace de la Valenciana (considerada la masa mas numerosa) un tipo especial, que impone la atencion, y que resiste á todas las influencias fusionistas de la civilizacion moderna.
El hombre de educación gusta mucho allí de las intrigas políticas, y tiene al mismo tiempo, por una aparente contradiccion, muy pronunciado el sentimiento artístico. El noble, el individuo de la clase mas alta, es absolutista por excelencia. No tuve tiempo para averiguar la causa; pero establezco el hecho. Valencia es en España la verdadera fortaleza de las opiniones absolutistas. El pueblo—lo que en Europa llaman simplemente así, y que en las democracias llamamos el pueblo pobre, porque todos somos pueblo,—se deja guiar fácilmente por los absolutistas, miéntras que la idea democrática no se abriga sino en la clase media. Donde quiera he observado, personalmente ó por lecturas, que los pueblos mas ásperos y brutales en sus costumbres son los mas favorables al absolutismo. El pueblo de Paris, esencialmente culto, ha sido siempre el salvador ó por lo menos el defensor de la libertad en Francia. Los bandidos y pillos de Roma y los lazzaroni de Nápoles, magistrales en el manejo del puñal, han sido los mejores apoyos del despotismo en la Italia meridional. Los salteadores de Grecia hacian la guerra á la noble causa que tuvo por mártir al sublime Byron.
Hay en las clases inferiores (en educacion) de Valencia, una distincion que establecer. El agricultor es un rudo tipo, pero es honrado y pacífico. El obrero, el habitante de los arrabales y el ganapan de las calles y del puerto, al contrario, son ásperos en todo, de mala índole, de instintos pendencieros y brutales. Despues de las seis de la tarde es muy imprudente aventurarse á recorrer solo los alderredores de Valencia; y no porque estén plagados de ladrones y asesinos, como han dicho, exagerando mucho, algunos viajeros, sino porque es muy fácil tener una pendencia con un truhan de navaja lista y humor muy despuntado, que termine por un drama sangriento, ó cuando ménos por un chaparron de garrotazos. Sobre todo, si alguna hija de Eva anda en el asunto, el galante forastero puede contar con un mal dia. Con las Valencianas de cierta clase se cumplen á la letra las palabras de Cervantes: «hay cosas que es mejor no meneallas,» y mujeres bonitas que es mejor no tocallas.
El Valenciano de los arrabales tiene una fisonomía que parece el amalgama del árabe guerrero con el Napolitano. Si en lo moral se distingue por las fuertes pasiones, el sentimiento artístico, el humor pendenciero, y el gusto por la algazara, el baile frenético, la guitarra, la cancion bélico-amorosa y las alegres libaciones, en sus hábitos exteriores tiene todo lo pintoresco de los pueblos apasionados.
Donde quiera le vereis ó con el sombrero calañes, que es la tradicion del turbante, ó con un pañuelo de colores vivos atado á la cabeza por detras cayendo sobre la nuca. Y luego el calzon estrecho hasta la rodilla, con polainas hasta los piés, y siempre calzado con la sencilla alpargata nacional; el cuerpo medio cubierto por la manta, especie de capa corta ó ruana doblada, con listas de colores vivísimos y menudas borlas; y debajo, asomando como un traidor que medio se oculta, el afilado cuchillo ó navaja de resorte, de larga y aterradora cuchilla, con muelle dentellado y cabo corvo y lleno de adornos mas ó menos artísticos.
Organizacion enérgica, el Valenciano lo hace todo con brio. En el puerto trabaja como si fuese de hierro; en el taller es listo; dirigiendo la tartana brincadora, la carreta pesada ó el arado, se hace entender por el animal de tiro con fuertes gritos y terribles ejercicios de látigo y púa, y en el baile, la plaza de toros, los amores, las pendencias de arrabal y las guerras civiles, todos sus actos tienen el sello de la resolucin y la violencia de sentimientos.
Valencia es una ciudad muy digna de ser estudiada, por su curiosa fisonomía, pero donde no se puede vivir con placer una vez que se han recogido las impresiones mas notables. Si sus campos arrebatan, sus calles dan horror, sus hermosas mujeres intimidan y sus gentes de arrabal asustan.
Esa sociedad necesita para suavizarse del impulso poderoso del cosmopolitismo moderno. Los ferrocarriles, las fábricas, el trato activo con el extranjero y las instituciones liberales y humanitarias que supriman toda violencia legal y todo espectáculo de sangre, harán de Valencia un verdadero paraíso, extinguiendo todo lo que hay en las costumbres de áspero y brutal, y aprovechando todos los dones de una naturaleza admirable, que ha sido tan pródiga con la raza como con el cielo y la tierra.
* * * * *