Esa situacion feliz procura á la capital política y militar de la Prusia rineana un doble panorama de magníficos paisajes del lado del Rin y del Mosela, al mismo tiempo que un doble movimiento de vapores, botes mercantes y balsas sobre las bellas ondas de los dos rios. Por todas partes, en los dos valles, se admiran comarcas cubiertas de viñedos y plantaciones diversas, dominadas por graciosas colinas ó montañas vestidas de lujosa y alta vegetacion, y se alcanzan á ver interesantes castillos, pequeñas localidades, numerosas casas campestres, fábricas y líneas de ferrocarriles.
Es bien sabido que Coblenza fué en 1792 el refugio de los príncipes y emigrados franceses que conspiraban contra su patria en el suelo extranjero, obcecados por el egoismo de clase ó casta y el furor de las pasiones políticas. Por desgracia, Coblenza ha tenido muchas imitadoras, en términos que su nombre se ha hecho por antonomasia la designacion precisa de todo centro de conspiraciones análogas á las de 1792. Esta circunstancia me ha hecho meditar con tristeza en las miserias deplorables de los partidos políticos, puesto que en estos tiempos he tenido ocasion de ver que no solo en Europa Lóndres ha sido la Coblenza de conspiradores franceses, y Roma de los conspiradores católicos-legitimistas contra la libertad de Italia, sino que hasta hijos del Nuevo Mundo han venido á mendigar en las capitales europeas asilo para sus maquinaciones traidoras contra la libertad de Hispano-Colombia. Así, Madrid ha sido recientemente la Coblenza de los traidores de Méjico, lo mismo que en Paris forman sus Coblenzas en caricatura los malos ciudadanos de otras de nuestras jóvenes repúblicas, quienes, olvidando que en el suelo extranjero la PATRIA no es un partido, sino una madre comun, posponen la santidad del deber nacional al interes oprobioso de las venganzas políticas.
Coblenza es un conjunto de dos masas de construcciones muy diferentes en su aspecto. La parte antigua, tendida hácia la márgen del Mosela y el vértice de la confluencia, contiene los pocos monumentos dignos de alguna atencion, como la catedral y varias iglesias; allí no hay sino calles estrechas, caprichosas, muy irregulares y sucias, y es en esa parte donde se concentra casi toda la actividad industrial y comercial. La parte nueva, compuesta de calles anchas y regulares, con edificios de buena planta y algunos jardines y plazas limpias y risueñas, se extiende al derredor del Palacio-Real, hácia la márgen del Rin. Los pocos monumentos de Coblenza—plaza esencialmente militar—no merecen descripcion ninguna.
Lo que mas llama la atencion, fuera de las fortificaciones, es el curioso castillo de Stolzenfels, situado á unos cinco kilómetros arriba de la ciudad, sobre un peñasco de 100 metros de altura que domina el Rin, cortado á pico y cubierto de hermosos bosques, al pié de otras colinas montañosas. El panorama que desde allí se contempla es muy bello, pues de un lado se registra el valle del Rin en la parte superior, y del otro, hácia abajo, se abarca el interesante conjunto de Coblenza, los dos rios, el gran puente de barcas echado sobre el Rin, que comunica la ciudad con el arrabal ó pequeña villa de Thal-Elhrembreitstein, y el ferrocarril que penetra á Coblenza por la márgen izquierda del gran rio; y todo eso rodeado por una vasta comarca muy accidentada y pintoresca.
El castillo, cuya fundacion data por lo ménos del siglo XIII, y que fué destruido en 1688 por los Franceses, ha sido completamente restaurado en 1845 por la familia real de Prusia, y hoy es una de sus residencias de verano. Súbese al castillo, de la carretera que gira por la orilla del Rin, por una cuesta en zigzag sombreada por un bosque espeso y delicioso, á cuya salida se llega repentinamente delante de la masa imponente del edificio, cuyas tres torres, altos y gruesos muros y puente levadizo le dan el aspecto de una fortaleza. Sinembargo, el castillo no es sino un museo de historia y curiosidades artísticas de diversos géneros. Muchas de ellas son de mérito notable, y llaman la atencion los frescos de uno de los salones; pero hay poco gusto en la eleccion y distribucion de los objetos, y el viajero que visita el castillo no puede ménos que reirse al ver que las tontas precauciones que le hacen tomar para recorrer los salones y aposentos no corresponden á la sencillez y modestia del mobiliario y de los pavimentos, no obstante que los ciceroni de Stolzenfels se dan aires de mostrar maravillas.
De Coblenza para abajo el Rin es al principio medianamente pintoresco. La márgen derecha aparece estrechada por el cordon de montañas, miéntras que del lado izquierdo se desarrolla una vasta llanura que va á terminar al pié de montes lejanos. Despues el rio vuelve á tener el interesante aspecto de la parte superior á Coblenza. El valle se estrecha tanto, desde un poco abajo de la pequeña ciudad de Andernach, que su cauce lo llena todo, oprimido por los dos cordones paralelos de montañas, generalmente desnudas de grandes árboles, y de una composicion basáltica que las hace muy interesantes y curiosas, á veces imponentes.
En todo el trayecto se reproduce el mismo panorama que he descrito rápidamente en el capítulo anterior, es decir una sucesion primorosa de viñedos escalonados, románticas colinas volcánicas, soberbios castillos y escombros solitarios, pequeñas ciudades de industria activa y valiosa (algunas de ellas fortificadas), numerosas aldeas, unas plantadas á orillas del rio, otras graciosamente trepadas en los pliegues de las montañas, y muchos relieves topográficos que llaman mas ó ménos la atencion.
Entre las pequeñas ciudades industriosas de una y otra márgen, cuya poblacion se eleva de 2,500 á 6,000 almas, merecen particular mencion: Vallendar, situada á la extremidad de un pequeño valle;—Bendorf, notable por sus fraguas que trabajan el hierro;—Newried, capital del principado del mismo nombre;—Andernach, rodeada de fortificaciones considerables y bastante curiosa;—Linz, tambien defendida por murallas de basalto. La mas importante localidad es Bonn, situada sobre la márgen izquierda, bien interesante como centro industrial y comercial, y por la posesion de una buena Universidad concurrida por mas de 1,000 estudiantes, que contiene museos y colecciones de mérito y una biblioteca con mas de 150,000 volúmenes. Esa ciudad ha sufrido como pocas de las del Rin las tristes vicisitudes de cien guerras; pero gracias á su actividad industrial y comercial todo manifiesta en su seno riqueza, bienestar y progreso, á juzgar por el buen aspecto y el aseo de las calles, la elegancia de muchos edificios y el movimiento de las gentes. Despues de Bonn no hay en el Rin (parte alemana) mas ciudades importantes que Colonia, Elberfeld y Dusseldorf.
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Una circunstancia casual nos impidió detenernos en Colonia durante el tiempo que hubiéramos deseado. Apénas pudimos darle un golpe de vista durante cinco ó seis horas, visitando los objetos mas interesantes. Me limitaré, pues, á muy breves reminiscencias respecto de esa ciudad.