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CAPITULO XI.

EL CANTON DE UNTERWALDEN.

El lago de Brienz.—Giessbach.—Brienz.—El valle de Meyringen.—El cuello de Brünig.—Los valles de Sarnen.—Un paisaje de parroquia.—Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton.

El cielo estaba lleno de luz y esplendor y las brisas de la mañana rizaban las ondas y nos llegaban de las montañas cargadas de los ricos aromas que emanan de los bosques de abetos, cuando subíamos á bordo de un gracioso vaporcito, que en breve comenzó á cortar como un cisne pardo las bellas aguas del lago de Brienz. Mas de cuarenta pasajeros nos hallábamos sobre el puente de popa, y no pocos iban apiñados hácia la proa. Algunos iban directamente á desembarcar en Brienz, en el extremo superior del lago; otros debian detenerse en el puertecito intermediario de Boenigen; los del mayor número íbamos á visitar de paso, durante algunas horas, la bellísima cascada de Giessbach. A la derecha veíamos distintamente la ancha faja cenicienta de las aguas del Lütschina, afluyendo sobre la ribera izquierda del lago como un reguero de ceniza echado sobre el verde tapiz de una pradera. Mas adelante, del mismo lado, pasamos casi tocando con la primorosa islita de Boenigen ó Schnecker-Insel (Isla-de-los-caracoles), que parece una miniatura fabricada por ondinas.

El lago de Brienz, perfectamente análogo por su color al de Thun y producido por el mismo rio Aar, es de los ménos considerables entre los de primer órden, pero el mas profundo de todos los de Suiza. Mide apénas unos 15 kilómetros de longitud, de N.-O. á S.-E., por 6 de anchura, y su profundidad llega hasta la prodigiosa medida de 600 metros en algunos puntos. El lago recibe algunos torrentes, de los cuales el mas curioso es el que da salida á las aguas del Faulen-seeLago-podrido), situado encima de las montañas, torrente que perdiéndose en cavidades subterráneas no reaparece sino en el momento de arrojarse al lago de Brienz. Las montañas que determinan la cuenca de este son mucho mas ásperas, salvajes y elevadas que las del lago de Thun, y se levantan repentinamente en estupendos murallones tajados á pico que parecen amenazar desplomarse sobre las ondas. Sinembargo, en la circunferencia prolongada de la cuenca se ven unos diez ó doce pueblecitos, de los cuales los mas notables son los de Brienz y Boenigen, con una poblacion total de cerca de 7,000 habitantes: unos pintorescamente trepados sobre las lomas abruptas y al pié de tupidos bosques de abetos, y otros reposando muellemente sobre las riberas del lago.

Al aproximarnos á la cascada de Giessbach el espectáculo nos sorprendió por su gracia imponderable. Allí no hay nada de esa majestad imponente y sublime de la catarata de Tequendama, capaz, como otras de Colombia, de hacer profundamente poeta y religioso á un ateo (si es que puede haber alguno) con solo mostrarle el colosal prodigio de la Creacion. No: el interes de la de Giessbach, como de las mejores cascadas suizas, está en la gracia, el capricho, la variedad encantadora. En su presencia se puede amar, conversar, reir y galantear; miéntras que delante del Tequendama no es permitido sino contemplar con asombro, admirar y meditar en lo infinito.

Al saltar al puertecito de Giessbach, casi al pié mismo de la cascada, todos los pasajeros nos dispersamos por las diversas encrucijadas de la cuesta, ávidos de emociones que contentasen nuestra curiosidad. La montaña, cubierta de espesos bosques, se abre en un recuesto que produce en cierto modo un vallecito, á unos 60 ó mas metros de altura sobre el lago, teniendo su límite inferior en el peñasco enorme que domina la ribera, y elevándose del lado interior por la espesa montaña hasta una altura bien considerable. En el extremo de ese recuesto se halla un elegante hotel precedido de hermosas terrazas, y al frente de él se precipita la cascada, dando saltos estrepitosos por entre vastas alcobas de verdura sombría tapizadas de líquenes y musgos. Allí cada viajero va sitúandose sucesivamente en los balcones ó miradores de piedra que permiten de trecho en trecho contemplar de cerca la cascada.

El torrente se precipita de lo alto de la montaña por una abra estrecha, semejante á un enorme chorro que se lanzase de una azotea por entre balcones de piedra cuajados de guirnaldas y cubiertos con flotantes cortinajes de severa verdura. Compónese la cascada de una sucesion de catorce caidas ó cascadas, de proporciones y aspectos diferentes, formando como una inmensa escalera de torbellinos y de peñascos, sobre los cuales se lanzan las aguas en brillantes plumajes, en enormes chorros ó en espirales cristalinas y nubes tornasoladas de menuda lluvia Si el conjunto, visto de frente, es encantador, se experimenta suma delicia al situarse debajo de uno de los mas enormes peñascos, donde gira un pasadizo practicado en la concavidad de la roca; sintiéndose uno arropado por el turbion que salta por encima, formando una soberbia boveda líquida y espumante que se encuadra primorosamente en el doble marco de los bosques.

El contraste es muy sensible si se aleja uno de la cascada para subir hasta el mirador que se encuentra sobre el borde de la roca poderosa que se destaca sobre la ribera del lago. Desde allí se abarca con la mirada un paisaje soberanamente bello. A la derecha, al N.-O., se ve el valle superior del Aar ó de Hasli, la entrada del turbio rio al lago, y Brienz y algunos otros pueblos; á la izquierda, el lindo valle de Interlaken, y mas léjos el lago de Thun; al frente, una inmensa fortaleza de montañas de rústica majestad; en el fondo, la extension total del lago, silencioso, dormido y solitario, que parece como indiferente á la cólera del torrente de Giessbach que le lanza sus chorros espumantes, y cuya tranquilidad engañosa fascina al viajero maravillado, que á la sombra de los abetos contempla el abismo de esmeralda líquida que tiene á sus piés. Añadid á todo eso los silbidos de la locomotiva de algun vapor que atraviesa el lago, despertando los ecos de aquellos senos de granito y proyectando entre el cielo y las ondas su blanquísimo penacho de humo, y tendreis el cuadro completo que estimulaba nuestra admiracion.