—Y bien, señor comisario, U. se equivoca. Nosotros tenemos derecho de entrar á Francia, sin visa especial, como cualquier frances.
—¿Por qué?
—Porque conforme al tratado vigente entre nuestro país y Francia, debemos gozar de las mismas ventajas que los Franceses.
—Yo no conozco ese tratado.
—Pero U., señor comisario, tiene obligacion de conocerlo y tenerlo á la vista, puesto que representa á su gobierno en una funcion que afecta á los extranjeros.
—Bah! yo no recibo lecciones ni entiendo de tratados.
—En hora buena, señor comisario. Volveremos á pasar el puente, saliendo de la puerta de Francia; pero U. me dará un certificado de lo ocurrido para quejarme contra U. por medio del ministro de mi país.
La observacion produjo su efecto, porque el comisario tomó un aire de proteccion generosa y me interrogó.
—¿Con qué objeto entran UU. á Francia?
—Con el de conocer á Estrasburgo y visitar á una familia en el departamento.