La república de Francfort, incrustada entre los territorios de Hesse-Darmstad y Nassau, contiene una área total de 48 kilómetros cuadrados, y se compone de la ciudad capital, con su arrabal de Sachsenhausen, dos pequeñas villas y cinco aldeas, con una poblacion general de cerca de 74,000 individuos (sin contar la guarnicion federal) de los cuales cerca de 68,000 corresponden á Francfort y su arrabal. De esa poblacion, 8,000 pertenecen al catolicismo, mas de 6,000 al judaismo, mas de 3,000 al calvinismo, y los demas á la comunion luterana. Las rentas y los gastos anuales del Estado alcanzan por término medio á 445,000 talers, y la deuda á 5,000,000. El Estado, en asocio de Hamburgo, Brémen y Lubeck, ocupa el 17° rango en la Confederacion alemana, y el 2° entre las cuatro repúblicas ó ciudades libres.

Situada en medio de una llanura, á corta distancia de la cadena de bajas montañas llamada Taunus, Francfort tiene su base en las dos márgenes del rio Main, extendiéndose sobre la derecha la ciudad propiamente dicha, y sobre la izquierda el arrabal de Sachsenhausen. El país vecino no es hermoso por su topografía; pero el cultivo esmerado de las campiñas, los innumerables y bellos jardines de los alderredores, que han reemplazado las antiguas fortificaciones, y el panorama del rio y las localidades vecinas, le dan al conjunto un aspecto gracioso y pintoresco durante la época de vegetacion.

Si la agricultura de esas campiñas apénas alcanza para las necesidades de la poblacion, la industria fabril de la ciudad tiene mucho mayor importancia, particularmente en artículos de joyería. Pero lo que constituye la verdadera importancia de Francfort es su enorme acumulacion de capitales al servicio de todas las especulaciones de crédito, su gran movimiento comercial de cambios para toda la Alemania, y la concentracion de cuatro líneas de ferrocarriles que sirven de lazo de union á todos los alemanes y á muchos del continente establecidos en otros países. No es fácil apreciar hasta qué punto la riqueza, la actividad y las comunicaciones de Francfort influyen sobre la economía de toda la Alemania y aun de casi toda la Europa, ya facilitando los viajes y las transacciones, ya concurriendo á todos los empréstitos de los gobiernos y las grandes compañías, ó fomentando empresas muy diversas en todos los países. Bajo este aspecto, Francfort concurre con Lóndres, Paris, Amsterdam y Hamburgo á constituir esa irresistible soberanía que el dinero y el crédito ejercen en Europa y que se hace sentir en todas las regiones del mundo.

En Francfort el tiempo ha clasificado muy distintamente las manifestaciones de la vida social. Así, en los alderredores, en las cercanías del vasto semicírculo que ántes describian los fortificaciones, tocando en sus extremidades á la márgen derecha del Main, no se ven sino hermosos barrios enteramente nuevos, vastos y graciosos jardines, alegres quintas, calles anchas y rectas de completa regularidad, alamedas en las vias carreteras, casas elegantes, todas de construccion uniforme y casi todas pintadas; en fin, las estaciones de los ferrocarriles, siempre repletas de viajeros y en incesante actividad.

Pero si penetrais al interior de la ciudad, sea por la puerta San-Gallus, para pasar por delante de la iglesia de Weissfrauen y la casa de Goethe; sea por la puerta del Taunus, desembocando en la plaza del Rorsmark; sea en fin por la puerta Roekenkeimer y la plaza del Teatro, encontrareis en todas las casas un aspecto completamente distinto, no obstante que las nuevas construcciones van invadiendo la ciudad de la edad média y borrándole algunos de sus rasgos característicos. Allí hallareis un gran movimiento de negociantes, obreros y mercancías, de viajeros curiosos, de gentes de los mas diversos tipos. De cada diez casas seis por lo ménos os llamarán la atencion por sus extrañas formas, sus techos puntiagudos, sus fachadas triangulares, sus balcones esculpidos, sus curiosas ventanas superpuestas ó pareadas de un modo singular, sus muros compuestos de trozos de madera conbinados en forma de red, sus tejados que parecen madrigueras de ratas ó palomares amontonados en desórden.

Hallareis un laberinto de callejuelas muy angostas, tortuosas, extravagantes en todo, pasablemente sucias (en los barrios de los israelitas y los católicos particularmente), monumentos sumamente curiosos, palacios que resumen las mas interesantes tradiciones, mercados públicos en que el campesino aleman muestra toda la originalidad de su tipo, en fin un espectáculo que impresiona vivamente al viajero de distinta raza y civilizacion.

Una de las curiosidades mas renombradas de Francfort ha sido la calle de los Judíos, que Víctor Hugo y otros observadores han descrito con mucha energía. Hoy esa calle ha perdido mucho de su carácter particular, á virtud de demoliciones y reconstrucciones importantes, y los habitantes de ese triste barrio tienen una posicion bien distinta de la que en otro tiempo los hizo interesantes. Verdad es que la ley no los ha emancipado todavía, implacable en su miserable egoismo que niega el carácter de ciudadano al que no es cristiano. Pero al ménos el israelita tiene seguridad en su culto, su industria, su persona y su propiedad, el dinero le ha servido para emanciparse civilmente en Alemania como en Inglaterra y otros países, y la nocion de la justicia ha hecho grandes progresos respecto de esa raza perseguida, tan laboriosa como perseverante. Hoy ella trata de regenerarse, sea entrando en las comuniones cristianas, sea modificando el judaismo en el sentido del libre exámen y el progreso. Si ántes los Judíos de Francfort fueron tan cruelmente tratados, hoy su condicion es muy distinta, y si han de conservar sus costumbres de usura, ocultacion, especulaciones sobre harapos y cosas viejas, desaseo repugnante y espíritu estrecho de raza ó comunion, el juicio que en lo futuro se forme les atribuirá la mayor parte de la responsabilidad.

Por curioso que sea todavía el barrio de los Judíos en Francfort, el lector me permitirá que reserve mis descripciones respecto de esa raza para el capítulo en que mas tarde hablaré de Praga, porque es en esta ciudad donde he creido hallar mejor caracterizadas las costumbres de los judíos alemanes.

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Los mas interesantes monumentos públicos de Francfort son: el palacio llamado Rómer, la Bolsa, la catedral ó Dom, la Biblioteca, los museos Stoedel y Bethman, y las estatuas consagradas á Goethe y Guttemberg. El edificio llamado Rómer, de aspecto singular y muy antiguo, guarda las tradiciones históricas de Francfort y del antiguo imperio de Alemania. Allí existen los archivos de la ciudad y tiene sus sesiones muy modestamente el Senado de la república. El salon principal, donde se reunian los Electores ó potentados del imperio á elegir el Emperador (en los tiempos en que los soberanos debian su poder a una ficcion ó forma elecionaria, sin consideracion al derecho divino de sucesion),—el salon principal, digo, embelesa todavía á muchos Alemanes y es el orgullo de la ciudad, porque contiene los retratos de cuerpo entero de todos los emperadores de Alemania, y algunos trastajos que les pertenecieron.