y en medio de los mundos se amanece.
¡Mata, déspota, mata!
¡Para el que muere a tu furor impío,
el cielo se abre, el mundo se dilata!
Nadie inculpe jamás a los sedientos
sin calmar con el agua sus afanes:
nadie inculpe jamás a los hambrientos
sino acabando de ofrecerles panes.
¿Quién sabe en los placeres lo que llora?
¿Quién conoce la sangre en la sonrisa,