La vida no es propiedad del hombre, sino préstamo que le hizo la naturaleza.

Morir no es más que volver a la naturaleza de donde se vino y en la que todo es como hermano del hombre.

No hay gusto mayor, no hay delicia más grande que la vida de un hombre que cumple con su deber, que está lleno alrededor de espinas.

La vida es toda de dolor; y el dolor viene de desear, y para vivir sin dolor es necesario vivir sin deseo.

El hombre no ha de descansar hasta que no entienda todo lo que ve.

Los hombres somos como el león del mundo, y como el caballo de pelear, que no está contento ni se pone hermoso sino cuando huele batalla, y oye ruido de sables y cañones.

La mujer es como una flor, y hay que tratarla así, con mucho cuidado y cariño, porque si la tratan mal, se muere pronto, lo mismo que las flores.

Con el elefante sucede como con las gentes del mundo, que porque tienen hermosura de cara y de cuerpo las cree uno de alma hermosa, sin ver que eso es como los jarrones finos, que no tienen nada dentro, y una vez pueden tener olores preciosos, y otras peste, y otras polvo.

A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa.