—Yo les puedo asegurar a ustedes que en lo que toca a lo que yo he conocido algo, que es el teatro, no hay ahora actores como aquéllos... Será una ilusión mía, muy natural, dado que aquél fue el tiempo de mi juventud...; pero a mí se me antoja que realmente eran mejores. Sin contar los de primera fila: Romea, Latorre, Matilde Díez, Arjona, Catalina, Valero..., había muchos de segunda, que yo hoy, relativamente, no los encuentro; por ejemplo: Pizarroso, Oltra y Vega, que trabajaba en la compañía de Romea: el mismo hermano de Romea, Florencio, Luján, a quien yo vi debutar el año 1865 en el teatro del Recreo... Y como cantantes de zarzuela, no digamos. ¿Quién no se acuerda de Escriú? ¡Qué bien hacía! ¡Quién es el loco!... Y ahora que hablo de locos me acuerdo del pobre Tirso Obregón, que murió loco en su pueblo, Molina de Aragón. Creo que no he conocido un barítono de más bríos que el pobre Tirso; tenía también una arrogante presencia... Él fue, puede decirse, el último intérprete de la zarzuela clásica, de Barbieri, de Oudrid—¡cuánto me acuerdo yo de Oudrid!—, de Gaztambide... Después de él, ya aquello se fue...
El viejo calla en un silencio triste; todo un pasado rebulle en su cerebro; toda una época de actores aclamados y actrices adorables que poco a poco se esfuman en el olvido.
La sala se ha ido quedando vacía; en un rincón se inclinan dos jugadores sobre una mesilla verde; de cuando en cuando profieren una exclamación, levantan el brazo y lo dejan caer pesadamente sobre el tapete. El vaho y el humo borran las líneas y hacen que destaquen en mancha, sin contorno, las notas verdes y blancas de las mesas y la larga pincelada roja del diván. Un reloj suena con diez metálicas vibraciones.
—¿Está usted vendimiando ya en la Umbría?—pregunta uno de los contertulios a otro.
—Sí, ayer di orden de que principiaran.
—Yo mañana me marcho a la Fontana; quiero principiar pasado mañana.
—La uva ya está en su punto—dice un tercero.
—Y es necesario—añade otro—cogerla antes de que una nube se nos adelante.
Y todos, durante estas últimas palabras, han ido levantándose y se despiden hasta otro día.