Así transcurrieron muchos siglos. Y como al fin todo se descubre, las gentes cayeron en la cuenta de que estos buenos hombres no llevaban la inteligencia en la cabeza ni la tenían guardada en casa.
Y entonces pidieron que se restableciese el uso antiguo.
Pero era ya tarde; la tradición estaba creada; el perjuicio se había consolidado.
Y los políticos llenaban los parlamentos y los ministerios.
XVIII
Esta Pepita, cuando mira, tiene en sus ojos algo así como unos vislumbres que fascinan. Yo no sé—piensa Azorín—lo que es esto; pero yo puedo asegurar que es algo extraordinario.
—Pepita—le pregunta Azorín—, ¿qué quisiera usted en el mundo?
Pepita levanta los ojos al cielo; después saca la lengua y se moja los labios; después dice:
—Yo quisiera... yo quisiera...
Y de pronto rompe en una larga risa cristalina; su cuerpo vibra; sus hombros suben y bajan nerviosamente.