En todo el Brasil dan los portugueses nombre de minas á los lavaderos de oro. Y así ni en Cuyabá, ni en otra parte alguna del Brasil, que haya llegado á mi noticia, se trabajan minas propiamente tales. Pero hay en Cuyabá lavaderos de oro de 23 quilates, y en uno de los lavaderos de oro se hallan diamantes. Mas en estos años antecedentes, porque los diamantes no perdiesen su estimacion, se prohibió por el Rey de Portugal sacarlos de Cuyabá. Los lavaderos se hallan en varias partes á las caidas ó vertientes de la gran Cordillera. Trabajan en estos lavaderos los negros esclavos, y dá cada negro á su amo en cada semana tres pesos de oro en grano, que es la única moneda que allí corre. Y se hacen las cuentas en las compras y ventas por octavas de oro, y cada octava son dos pesos. En algunas partes se halla oro en abundancia, pero no se pueden aprovechar de él, por faltar allí el agua para los lavaderos.
La grande distancia de Cuyabá á la costa del Brasil es causa de que los géneros de Europa se vendan allí á precio muy subido. Una camisa muy ordinaria vale seis pesos, ó tres octavas de oro: un par de zapatos, lo mismo: una frasquera de vino y aguardiente, que en el Janeiro se diera por diez pesos, vale en Cuyabá sesenta. Y á esta proporcion se venden los otros géneros. Lo que allí sube á precio exorbitante, y se tiene por el mayor contrabando, si va sin el despacho de la aduana, es la sal, la cual se lleva de Lisboa, y no se permite de otra parte.
§. VI.
Temperamento de Cuyabá y frutos que produce la tierra.
En Cuyabá y sus cercanias es el temperamento muy ardiente y húmedo; y consiguientemente se goza en toda aquella tierra de poca salud. La enfermedad mas frecuente es la que llaman los portugueses del bicho: y de la cual mueren muchos, porque no saben curarla. La enfermedad consiste en una extremada laxitud del orificio con disenteria, y algo de calentura. Los portugueses, persuadidos de que se cria dentro de la carne algun bicho ó guzano, que causa aquellos efectos, pretenden á fuerza de jugo de limon y otros agrios, matar el bicho, y acontece no pocas veces, que acaban con el enfermo. El cirujano D. Pedro Gracian, que navegó conmigo en un barco por medio de los Xarajes, hombre bien inteligente en su facultad, oyendo al alferez de Cuyabá quejarse de que tenia entre su gente algunos enfermos del bicho; quizo informarse que cosa era el bicho, y en efecto fué á ver los enfermos, y halló que no habia tal bicho ni guzano, y se ofreció á curarlos luego. Los portugueses porfiaban con mucha eficacia que no habia otra cura para aquella enfermedad que el agrio de limon, con el cual talvez mezclaban agí, ajos y sal: pero el cirujano les mostró el error en que estaban, pues tomando á su cuenta el enfermo que tenian de mas peligro, á dos dias se le dió sano, sin haber aplicado cosa alguna de las sobredichas para matar al bicho, teniendo por cierto que no habia tal animal.
Las aguas de lluvias, que allí corren por montes de cañafistula, por parages cubiertos de las cañas que caen de los árboles, y por grandes matorrales de otras plantas purgantes, con los excesivos calores y el desvelo que ocasiona la multitud de mosquitos, son á mi parecer la causa de aquella destemplanza y de aquella enfermedad. Los españoles, que subimos al Xaurú, esperimentamos en aquel temperamento semejante disenteria, con grande relajacion en el estómago, que no tenia el calor necesario para la digestion. A este accidente se ocurrió con felicidad, tomando antes de comer un poco de mistela: remedio necesario en aquel pais para no perder la salud.
Los aguaceros son frecuentes en aquellas alturas; pero los mas fuertes, que hacen crecer extraordinariamente los rios, comienzan por el mes de Diciembre. Y crecen tanto los rios, que no hallando bastante abertura para salir las muchas aguas que bajan á la llanura de los Xarayes, rebalsan inundando los campos, y formando por este tiempo un grande lago; aunque despues, en cesando los aguaceros, se desagua por el cauce del rio Paraguay, y quedan solamente las canales de los rios, y algunas lagunas, descubriéndose todo lo demas de aquella llanura, lleno de pajonales impenetrables. Sin embargo de inundarse todo aquel espacio, hay en él algunas arboledas de árboles muy altos, cuyos troncos se inundan hasta tres y cuatro varas en alto. Y lo mas admirable que observamos en los Xarayes, es que con estar todo el terreno anegado parte del año, hallaron las hormigas (de las cuales hay innumerable multitud) modo de conservar sus hormigueros. Estos los fabrican de barro muy fuerte en lo alto de grandes árboles, con tal arte que queda como un horno al rededor de una de las ramas superiores, y tan bien construído, que no le pueden ofender las lluvias ni los vientos. Y para que estos no puedan llevarse las hormigas, que suben ó bajan en tiempo de seca, tienen hecho del mismo barro fuerte un canal ó camino cubierto, que baja hasta el pié del árbol, por el cual canal suben y bajan las hormigas con toda seguridad.
Los frutos que produce la tierra de Cuyabá y su comarca, son maiz, arroz, mandioca (en otras partes de América llaman cazave), piñas, pacobas ó plátanos, con otras muchas especies de frutas propias de los climas ardientes de América, azucar, miel de cañas y de abejas, de las cuales hay varias especies en los montes. El arroz se halla silvestre en las márgenes del rio de Cuyabá y de los Porrudos. No se coje trigo, ni vino, ni otros frutos de Europa. La falta de pan suplen los portugueses con farinha do pao, ó cazave. Hay en Cuyabá algun ganado vacuno, aunque poco. En el Xaurú les compró D. Manuel Flores algunas vacas para la gente de los barcos, y pagó veinte pesos por cada una. De lechones y caza hay mas abundancia.