El farol de un coche que venía alumbró al pasar un grupo de cuatro ó cinco de estos individuos hablando con uno que parecía militar.
—¡Policía secreta! ¡será un nuevo cuerpo! murmuró.
E hizo su gesto de indiferencia. Pero luego observó que el militar, despues de comunicar con dos ó tres grupos más, se dirigió á un coche y pareció hablar animadamente con una persona en el interior. Camaroncocido dió algunos pasos y sin sorprenderse creyó reconocer al joyero Simoun, mientras sus finos oidos percibían este corto diálogo:
—¡La señal es un disparo!
—Sí, señor.
—No tengais cuidado; es el General quien lo manda; pero cuidado con decirlo. Si seguís mis instrucciones, ascendereis.
—Sí, señor.
—¡Con que estad dispuestos!
La voz calló y segundos despues el coche se puso en movimiento. Camaroncocido, apesar de toda su indiferencia, no pudo menos de murmurar:
—Algo se trama... ¡atencion á los bolsillos!