—Sí, pero como un medio para buscar su felicidad.
—¡La ciencia es más eterna, es más humana, más universal! replicó el joven en un trasporte de entusiasmo. Dentro de algunos siglos cuando la humanidad esté ilustrada y redimida, cuando ya no haya razas, cuando todos los pueblos sean libres, cuando no haya tiranos ni esclavos, colonias ni metrópolis, cuando rija una justicia y el hombre sea ciudadano del mundo, solo quedará el culto de la ciencia, la palabra patriotismo sonará á fanatismo, y al que alardee entonces de virtudes patrióticas le encerrarán sin duda como á un enfermo peligroso, á un perturbador de la armonía social.
Simoun se sonrió tristemente.
—Sí, sí, dijo sacudiendo la cabeza, mas, para que llegue ese estado es menester que no haya pueblos tiranos ni pueblos esclavos, es menester que el nombre sea á donde vaya libre, sepa respetar en el derecho de cualquiera el de su propia individualidad, y para esto hay que verter primero mucha sangre, se impone la lucha como necesaria... Para vencer al antiguo fanatismo que oprimía las conciencias fué menester que muchos pereciesen en las hogueras para que, horrorizada la conciencia social, declarase libre á la conciencia individual. ¡Es menester tambien que todos respondan á la pregunta que cada día les dirige la patria cuando les tiende las manos encadenadas! El patriotismo solo puede ser crímen en los pueblos opresores porque entonces será la rapiña bautizada con un hermoso nombre, pero por perfecta que pueda ser la humanidad el patriotismo será siempre virtud en los pueblos oprimidos porque significará en todo tiempo amor á la justicia, á la libertad, á la dignidad misma. ¡Nada pues de sueños quiméricos, nada de idilios mujeriles! La grandeza del hombre no está en anticiparse á su siglo, cosa imposible por demás, sino en adivinar sus deseos, responder á sus necesidades y guiarle á marchar adelante. Los genios que el vulgo cree se han adelantado al suyo, solo aparecen así porque el que los juzga los ve desde muy lejos, ¡ó toma por siglo la cola en que marchan los rezagados!
Simoun se calló. Viendo que no conseguía despertar el entusiasmo en aquella alma fría, acudió á otro argumento, y preguntó cambiando de tono:
—¿Y por la memoria de su madre y de su hermano, qué hace usted? ¿Basta venir aquí cada año y llorar como una mujer sobre una tumba?
Y se rió burlonamente.
El tiro dió en el blanco; Basilio se inmutó y avanzó un paso.
—¿Qué quiere usted que haga? preguntó con ira. Sin medios, sin posicion social ¿he de obtener justicia contra sus verdugos? Sería otra víctima y me estrellaría como un pedazo de vidrio lanzado contra una roca. ¡Ah, hace usted mal en recordármelo porque es tocar inutilmente una llaga!
—¿Y si yo le ofrezco á usted mi apoyo?