El rico suelo amargará, y la vida.

¡Ay! ¡ay! ¡Cuánto quebranto!

¡Cuánto gemir inútil! ¡cuánto llanto

Oiré entonces sin que sienta el pecho

El duelo de la gente,

Que con gozo insolente

Reir los miro con mortal despecho!

LEÓNIDO.—¡Mentira! ¡Nada puedes! ¡Te conjuro,

En nombre del Señor que el alma adora,

Ángel, ó genio impuro.