á la mansión del gemido.
¡Y de la eterna vergüenza!...
SATÁN.—¡Pues, bien! Ya que lo has querido,
Es necesario que mueras:
Tú serás la postrer víctima
Que ante mis aras se quema:
Tú pagarás por los tuyos,
En tí me vengaré mis afrentas.
¡Espíritus! Mis fieles compañeros
Que encontráis en el mal grata dulzura,