—¡El número no lo sé... pero si usted me hiciera el obsequio de buscar por la letra!...
—¡Hay una enormidad de expedientes, señora, y me es imposible echarme a buscar entre ellos el suyo... así... sin dato ninguno!...
—¡Le agradecería, señor, que me lo buscara: es un favor!... Fue presentado en noviembre...
El empleado, refunfuñando, comienza a remover enormes masas de papel, y al fin extrae el codiciado expediente.
—¡Vaya... aquí está! ¡Hay una reposición de sellos!
—¿Qué resolución tiene, señor?
—No puedo decírsela hasta que no me traiga usted tres sellos.
—Pero señor, soy una persona...
—Es inútil, señora; yo no quiero que me caiga una multa... ¡Traiga usted los sellos y sabrá la resolución!
La señora sale y al rato vuelve, habiendo hecho el desembolso necesario para llenar el deseado requisito.