—Bueno... ¡Fulano es un raspa[73] de la peor clase... es ese que está ahí... conózcalo!

Aquí el pillo se sonríe y dice con sorna

—¡Me ha cachado, señor!... es decir, «¡me ha embromado!...»

—¡Vaya, hombre!... ¿Y éste quién es?

—Ya nos embrocó, y le voy a decir: ¡este es Zutano!


ENTRE LA CUEVA

Buenos Aires encierra dos clases de pícaros: los naturales y los extranjeros.

Los primeros son pocos, relativamente, y menos peligrosos que los segundos, pues que, desde los primeros pasos, la policía los conoce y les corta las alas, ya no dejándolos al aire sino mientras llevan una vida honrada, que para ellos es la miseria, el hambre, la falta de queridas y de goces, u obligándoles a emigrar.

Montevideo, el Brasil, Europa, Méjico y la América del Norte son su salvación.