—¿Entre los peñascos estudia don Alejo? preguntó la señora, riéndose.

—¡Qué lindo nombre! esclamó Mercedes. ¿Usted se llama Alejo?

—¿Le gusta a usted de veras? contestó éste.

—¡Mucho! ¡Tengo los recuerdos mas gratos de un Alejo que me ha gustado tanto! ¿Conoce usted Alejo o la casita en los bosques? Justamente aquel dia, hace meses, ¿recuerda usted? aquel dia en que usted miraba desde los peñascos del enfrente, yo leia esa novela i estaba afirmada en la puerta de mi balcon, gozando de aquella tarde tan deliciosa...

—Yo era entónces actor en otra novela que podria titular—Alejo i la casita misteriosa, replicó el jóven con intencion.

Una graciosa risotada de Mercedes, que le hizo descubrir sus dientes de plata mate i su boca de corales, dejó frio i casi avergonzado al pobre enamorado. Mercedes comprendió, i agregó:

—Escríbala usted. Yo me rio porque recuerdo que en aquel instante era tambien personaje de otra novela que ideaba. ¿Qué papel tiene usted en la mano?

—El Trompeta.

—¡Ah! mi papel. ¿Trae mucho de bueno?

—No he leido mas que una graciosa letrilla que tiene este estribillo: