—No está en eso la monta, dijo el albino que hasta entónces habia permanecido callado; lo que importa es que se sometan a su señor natural, porque nosotros ni el reino ganaremos nada con que ellos sean realistas, si se usurpan el poder real.
—¿Para qué estamos con esas? esclamó doña María, la puerta no está cerrada de dia sino por tu marido, ¡que no quiere que nadie entre en la casa!...
Mercedes se puso pálida i un lijero tinte violado coloró sus párpados; pero mostrando una habilidad ejercitada, se echó a reir, i probó con hechos convincentes que todos tenian la culpa del encierro misterioso: su mamá por el duelo, su tio i su mamá de miedo a los ladrones, ella por hábito de soledad i encierro, su marido por celos infundados; i en fin, todos porque se sentian mejor en el aislamiento de su pobreza...
Alejo, mostrándose satisfecho con las esplicaciones, afectó una injenuidad infantil, i les refirió, causándoles gran hilaridad, que él habia vivido tan preocupado con aquel encierro, que durante algunos años, la Casita misteriosa habia sido su pesadilla.
—¡Ya está deshecho el encanto, disipado el misterio! acentuó Mercedes con gracia fascinadora. Puede usted venir a la Casita misteriosa como a la suya; la puerta se abrirá apénas usted la toque, i adentro hallará jente pobre i sencilla que le ofrece cariño i amistad.
Alejo lució su donaire espresando sus agradecimientos, i creyendo oportuno aquel momento para retirarse produciendo buen efecto, hizo una despedida tan graciosa, que dejó encantados a los ancianos i fascinada a Mercedes.
VIII.
I ya era tiempo. La visita se habia prolongado un tanto. Pero Mercedes estaba tan encantadora, que el dia entero no le habria bastado al estudiante para admirarla i adorarla.
I en efecto que Mercedes era bonita.