Y el alma, exenta de pena

Cruzando el éter tranquilo,

Volaba á un eterno asilo

En otra inmortal mansión.

Suavísimo arrobamiento,

Deliquio dulce invadióle,

Y encima del firmamento

En el Edén se creyó.

Luz vaga alumbró su mente

Y ante los ojos pasóle