Repúsose el jinete sobre la silla al fin:
Y absorto, las miradas en derredor tendiendo,
Se halló de extensas nieves en un desierto horrendo,
Océano de hielo, sin costa ni confín.
¡Ni flor, ni fiera, ni ave por la región extraña
Do se contempla aislado!—Sólo hay una montaña
Que gruta cristalina taladra por el pie.
¿Y un mar y un paraíso, que ha visto el caballero,
De espíritus y genios poblados? ¿Y el sendero
Por do hasta allí ha subido?—Delirio, sueño fué.