Que á los mortales odian, y los fatales sinos

En dirigir se ocupan del que mortal nació.

Tal vez es la risueña y espléndida morada

De alguna dolorida y encantadora fada,

Que el vano amor lamenta que puso en un mortal.

Tal vez es la bajada del reino del olvido,

Adonde caen las almas después de haber salido

De la penosa cárcel del cuerpo terrenal.

¿Quién sabe? El caballero al pie de la montaña

Ante esta gruta, que ornan de arquitectura extraña