Quien labró fortalezas como encajes,

Y quien colmó por cóncavo arrecife

Las albercas del real Generalife.

Yo os voy á hablar del mágico recinto

De esta por ellos habitada tierra,

Y á mostraros lo que este laberinto

De jardines y alcázares encierra.

En llanto y sangre le dejaron tinto,

Pero tan fértil con su amor y guerra,

Que la flor más silvestre aromatiza