De aquella hermosa noche en las primeras

Horas, al suave claro de la luna

Y al rumor de las ráfagas ligeras

Que entraban por las árabes ventanas,

Yacía, al parecer sin pena alguna,

Hada gentil de su mansión divina,

La más bella y feliz de las sultanas

Que habitaron la Alhambra granadina.

Los mullidos cojines, apilados

Bajo su cuerpo leve, sostenían