Con destemplada voz y cara á cara:

«¿Y por qué medios, tan sagaz, penetras

Los secretos de Aija y de su hijo?

¿Quién te trajo las llaves

Del misterio encerrado en estas letras?

Si esto es una verdad, ¿cómo la sabes?»

—«Señor, dijo Zoraya levantando

La cabeza con calma,

Desecha tu temor, templa tu ira:

Quien vendió á Abú Abdil vendió su alma