Con su fe abandona en Zahara,

Porque Dios no desampara

Á quien de Él se va á amparar.

Corazones como el suyo,

Almas cual la que le anima,

Dios tan sólo las estima

En su pristino valor:

Aniquilado bien pronto

El cuerpo que les encierra,

Vuelve su polvo á la tierra