La morisma, acorralada,

Abrió círculo espantada

Y en el centro le dejó.

Mas Arias, que no veía

De vergüenza y de ira ciego,

Cerróse con ellos luego

Con ímpetu asolador:

Y, al ver el horrendo estrago

Que en ellos su brazo hacía,

Ninguno se le atrevía,